CIFRAS Y ADJETIVOS

El Ayuntamiento presenta las cuentas para 2018

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

A los fríos datos económicos conviene insuflarles espíritu y ayer Juan María Aburto presentó los presupuestos para 2018 proyectándose en el tiempo. Antes de fajarse con los números, el alcalde se fajó con la abstracción. Y explicó que las cuentas se orientaban hacia «ese Bilbao del futuro» y también hacia «ese Bilbao del presente». No dijo nada acerca de ese Bilbao del pasado. Lástima. Si lo hace, igual se anota el tanto de no presupuestar un año de mandato, sino el instante eterno (pasado, presente, futuro) que, según Parménides, abole la existencia del tiempo tal como lo conocemos.

Cierto que igual solo se lo hubiesen apreciado en la Facultad de Filosofía de Deusto. Y el alcalde presentaba las cuentas a toda la opinión pública. Por eso, resumiendo un poco, explicó que el presupuesto para 2018 es «equilibrado», «transparente», «solidario» y «participativo». En un primer momento me pareció que, además del suave incremento en las cuentas (535 millones: la subida es del 1,5%), estábamos ante un incremento en la adjetivación. Pero no. El año pasado el presupuesto de 2017 generó los mismos cuatro adjetivos. En cuanto a los sustantivos, en 2017 se prometió actuar con «rigor y cautela». En 2018 el Ayuntamiento quiere trabajar en cambio con «cautela y rigor». Puede parecer lo mismo. Y lo es. Pero tampoco va el alcalde a dar sorpresas, imagínenselo: «Las claves del presupuesto serán la improvisación, el desafuero y el ocultamiento. El Ayuntamiento se compromete a afrontar el desafío poniendo todo de su parte en cuanto a torpeza, imprevisibilidad y despropósito».

Es, claro, algo que un político no puede hacer. No al menos sin acometer al tiempo un dorado de píldora masivo a la gente, el pueblo o la patria, mientras culpa de todo a un ‘ellos’ demoníaco y polimorfo. Aburto no acostumbra. Ayer habló solo de cosas aburridas: dinero, partidas, porcentajes. Aunque lanzó un recordatorio con sentido: la Ley de Estabilidad Presupuestaria impide invertir sus remanentes también a los ayuntamientos que se garantizan la estabilidad por sí mismos y no tienen deuda que amortizar.

Terminó la presentación, pasaron cinco minutos y Goazen valoraba incontenible: «Cicateros». El resto de la oposición fue incorporándose a la crítica a lo largo del día, con los papeles quizá algo más estudiados.

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