Mucho chófer

Primero fue el jamón, luego los coches oficiales

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La crisis estalló en 2008, pero ni siquiera reaccionamos rápido en lo simbólico. Fue en el verano de 2009 cuando las autoridades comenzaron a recortar gastos en lo tocante a recepciones y canapés. A los más jóvenes les explicaré que ver desaparecer el jamón fue como ver aparecer un cometa. La típica señal milenarista. Algo serio iba a pasar. Aquel verano, la Diputación redujo seriamente el cóctel de la recepción de San Ignacio. Y el Ayuntamiento canceló el ‘lunch’ que solía ofrecer por el aniversario de la villa. Cierto que tres días después Bilbao Kirolak organizó una cena en una gala vasca del deporte con gambas de Huelva, percebes gallegos, jamón de Los Pedroches y botellas de champán francés. Pagaba la Diputación y al frente de la concejalía estaba, precisamente, Ezker Batua. Se organizó un lío gordo. A los más jóvenes les diré que también sabíamos divertirnos antes de la posverdad y de La Tuerka.

Como en el poema ese apócrifo de Brecht, después de a por los platos de jamón fuimos a por los coches oficiales. Y supimos que España era el sexto país del mundo con más vehículos de esta naturaleza. Desde entonces, desconfiamos de todo alto cargo que no se desplace en bicicleta, así sea el Ministro de la Guerra o el Archimaestre del Tesoro. Tras las últimas municipales, el día en que se constituyeron los ayuntamientos fue una marcha cicloturista.

Sin embargo, el problema no tiene que ver con los coches sino con sus pasajeros. Bastaría con tener los vehículos necesarios y con que se usasen de un modo justificado, discreto, casi escrupuloso. Y fiscalizado. El resto es el ruido blanco de la época, que es un chiste solemne. Por ejemplo: en Bizkaia el coche oficial está perseguido sobre todo por el PP. Es como si hubiera algo personal entre esos coches y el portavoz popular en Juntas. En la campaña de las forales Ruiz prometió que reduciría en un 50% la flota oficial y le recomendó a Unai Rementeria que usase «la barik». Solo le faltó invitarle a leer a Gramsci y hacer compost. A los más jóvenes les diré que en 2009 hubo un pleno sobre este asunto en las Juntas de Álava. En él apareció un diputado del PP haciéndose 3.000 kilómetros en coche oficial en agosto y otro diciéndole al chófer que tirase para Suiza, por favor. Ni siquiera se investigó. Lo impidieron el PNV, el PSE y el PP. Todos a una.

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