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La Policía vasca evita un suicidio colectivo planeado desde Argentina

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El mundo es un pañuelo y la Ertzaintza ha propiciado la detención en Argentina de un joven que organizaba un suicidio colectivo a través de Internet. Afinando un poco, el mundo es un pañuelo escasamente novedoso. El mismo pañuelo de siempre. «Estamos en la edad de los grandes inventos», le decían al príncipe Florizel de Bohemia antes de explicarle qué era el Club de los Suicidas: la «puerta falsa» que acortaba distancias con la muerte, igual que otras modernidades como el tren y el telégrafo acortaban las distancias entre las personas. Todo esto sucedía en un relato que Stevenson escribió antes de cumplir los treinta, en la segunda mitad del XIX.

Al frente de aquel club londinense estaba un único socio «permanente». El tipo inducía el suicidio ajeno, pero evitaba practicarlo personalmente. No es algo tan extraño. Tras la inmolación, de la secta suele sobrevivir el gurú. Es el que intenta escaparse con la pasta. Ignoramos si el joven detenido en Argentina tenía planes de atentar contra su vida o si lo que le iba era ejercer de flautista de Hamelín con los chicos a los que engatusaba. En realidad, da lo mismo. Como si le hablaban al oído los extraterrestres o se le había subido a la cabeza el ‘Werther’. La fascinación que provocan estas cosas o es una pulsión adolescente o es un gancho sensacionalista. Y hay rincones humanos en los que ni siquiera cabe el interés entomológico; solo puede entrarse en ellos con la contundencia de un equipo de limpieza.

Quienes seguían al fúnebre líder austral eran jóvenes de distintos países. Que entre ellos hubiese una menor vasca explica la intervención de la Ertzaintza. Gracias a la colaboración con la Interpol y las autoridades argentinas, han podido responder a un desafío que demuestra lo complicado que se ha vuelto el trabajo policial. Hoy toca patrullar también un espacio, el cibernético, que oscila entre lo ficticio y lo infinito. La Ertzaintza insiste en que el caso no responde al modelo de la ‘Ballena azul’, ese juego macabro cuyo alcance muy probablemente se exagera. Nunca tiene sentido alimentar el alarmismo. Por otro lado, pienso ahora que quitarse la vida para dejar de escuchar a un argentino es algo que a cualquiera nos ha parecido alguna vez una medida bastante proporcionada.

Amnésicos

Tanta vuelta con los matices del relato y en el País Vasco igual tenemos el problema, directamente, con el olvido. Un estudio sobre percepción de la violencia realizado entre universitarios por el Instituto Pedro Arrupe arroja resultados asombrosos. El 50% de los encuestados marca la casilla de «No sabe, no contesta» cuando se pregunta por el atentado de Hipercor; un 40% lo hacen cuando se pregunta por el asesinato de Miguel Ángel Blanco; un 32% cuando se pregunta por el asesinato de Lasa y Zabala. Que los estudiantes encuestados se dediquen a las Ciencias Sociales es aún más increíble. En un alarde de optimismo, Jonan Fernández invita a no alarmarse, ya que los universitarios tienen un gran compromiso con los derechos humanos: refugiados, cambio climático, paz mundial... Lo que no tienen es puñetera idea sobre nuestro pasado inmediato. El 13% de los universitarios encuestados cree que a Lasa y Zabala los secuestró ETA.

Donde Donald

Se acusa a Rajoy de sobrepasar la prudencia para instalarse en la inacción. Se insiste en que el presidente practica el tancredismo, se inhibe, desaparece. Quizá no sea cierto. En un alarde de temeridad, Rajoy será recibido por Trump en la Casa Blanca. Sucederá el 26 de septiembre, a una semana del referéndum catalán. Para el Gobierno español esta clase de visitas son siempre un éxito diplomático. Hay quien ha hecho cosas raras, no por aparecer en el Despacho Oval, sino por aparecer en una triste foto con un presidente americano. Pero Trump es distinto a un presidente americano; es distinto incluso a los peores. Sus niveles de imprevisibilidad salpican y Rajoy se expone al fenómeno en unos días que serán claves. ¿Qué no podrá hacer Trump de aquí al día 26? ¿Qué barbaridad no podrá decir o llevar a cabo durante la visita misma? Y Rajoy ahí, arrimándose y dispuesto a todo, como un novillero. Para que luego digan que no vive peligrosamente.

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