CEDER ES GANAR

Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Escuchar a Ada Colau, Manuela Carmena o Iñigo Urkullu, tranquiliza. Es así, te gusten más o menos sus posiciones políticas. Estés a favor o en contra de su programa de gobierno. Pero al escucharles, percibes que están haciendo un esfuerzo en dirigirse a todos los ciudadanos, independientemente de si les han votado o no. Sin tener en cuenta si piensan como ellos o si están deseando echarles democráticamente del Ejecutivo. Transmiten que saben de la complejidad y el pluralismo de la sociedad que tienen que gobernar. Es lo que llamamos mujeres u hombres de Estado.

En el conflicto catalán no han aparecido ni hombres ni mujeres de Estado. El Estado español ha desaparecido, se ha desintegrado. Se ha convertido en un instrumento de parte, en el escudo de un Gobierno débil, minoritario, que ha dejado fuera a varios millones de ciudadanos y no solo de Cataluña. Una parte de la ciudadanía ya no está en la oposición al Ejecutivo central, sino en la oposición a este modelo de Estado excluyente que no permite integrar a los que piensan diferente. El comportamiento de jueces, fiscales, Tribunal Constitucional, cuerpos de seguridad, Corona, transmite la debilidad de un Estado que pretende construir su legitimidad en todo su territorio en base al uso de la fuerza, para someter y vencer a una parte que ya ha desconectado. No es que el presidente Rajoy renuncie o no pueda estar a la altura del desafío que planteaba el proyecto secesionista en Cataluña, es que su estrategia ha dinamitado la credibilidad de todos y cada uno de los componentes del Estado español.

Si se produce la declaración unilateral de independencia (DUI)el próximo lunes, los gobernantes catalanes podrían estar construyendo desde el inicio un estado fallido. El problema no es que salte sobre la Constitución española o que sea complicadísimo el reconocimiento internacional. Lo realmente grave ahora es la renuncia a que ese nuevo país parta de un pacto social más amplio que refleje mejor el pluralismo de la sociedad catalana. En estos momentos, el capital político acumulado por la ejemplar movilización de la sociedad catalana en defensa de su dignidad y del derecho a decidir ha permitido situar en el mundo este conflicto político. Y que las editoriales de medios tan influyentes como ‘Financial Times’, ‘Le Monde’ o el ‘Washington Post’ pongan el foco en este grave conflicto. Esta situación abre la oportunidad real a una mediación internacional para que aparezcan por fin los hombres y mujeres de Estado españoles y catalanes.

El escenario que plantea esa carencia, en uno y otro lado, es que nos podemos estar acercando hacia los peores años de la reciente historia de Irlanda de Norte. Y esa deriva sería la que habría que desactivar urgentemente. El Parlamento español todavía puede obligar al Gobierno a entrar en una negociación o ir a unas elecciones. El Parlament también puede retrasar la DUI y dar un plazo razonable para que se convierta en realidad ese espacio de negociación nuevo. En estos momentos ceder es un síntoma de fortaleza y de estar a la altura de una ciudadanía que ha dado muestras sobradas de tener más calidad que sus gobernantes.

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