Todos somos Cataluña

El independentismo logra que cientos de miles de personas reaccionen porque si no se manifiestan, el afán secesionista es imparable

ELCORREO

La multitudinaria manifestación que ayer afloró en Barcelona el sentir de decenas de miles de personas a favor de la integridad territorial de España y de la permanencia de Cataluña en su seno fue la segunda en veinte días, convocadas ambas por la asociación Sociedad Civil Catalana. Dos demostraciones sin precedentes como respuesta masiva a dos hechos igualmente inéditos: la movilización plebiscitaria del 1-O y la declaración unilateral de independencia del pasado viernes. Parecía inimaginable que el inusitado dominio de la ‘estelada’ como marca exclusiva del secesionismo fuese capaz de llevar a las calles de Barcelona tantas banderas constitucionales, incluidas las senyeras. Parecía improbable que la desconsideración mostrada por el independentismo hacia los otros catalanes acabara generando un fenómeno reactivo de tanto calado, al evidenciarse que esa falta de miramiento desbordaba además la legalidad. El mecanismo que hasta hace un mes había funcionado solo a favor del independentismo ha comenzado a actuar en ambos sentidos. Del mismo modo que hasta la adopción de medidas perfectamente legales suscita sentimientos de agravio entre los soberanistas, saltarse la Ley para hacer valer una visión excluyente o asimilacionista del futuro de Cataluña suscita una indignación que ya se manifiesta a miles. No puede haber un lema más inclusivo que ‘Todos somos Cataluña’. La manifestación fue una expresión plural de quienes, desde posiciones ideológicas diversas, coinciden en preservar la legalidad constitucional y un sistema democrático compartido por los ciudadanos de distintas nacionalidades y regiones. Las personas que acudieron a la llamada de ayer tienen sentimientos e ideas muy variadas, pero les une la convicción de que la independencia es nefasta para el país; sobre todo, cuando se intenta arrastrar a Cataluña hacia la división interna y la ruptura con el resto de España, sorteando y vulnerando las vigentes normas legales. Ayer salió a la calle gente que ya está sobre aviso; que ya no se confiará en que la inviabilidad del proyecto de ruptura disuada a los secesionistas de perseverar en su propósito a cualquier precio. Gente que ayer volvió a ser convocada a las urnas del 21 de diciembre, con la advertencia de que la abstención no puede ser refugio alguno para quienes se comprometan por la convivencia entre diferentes y por la concordia al abordar los otros problemas del país.

Crucial 21-D

Cataluña está asistiendo a la recolocación de las piezas políticas e institucionales que el independentismo gobernante había desordenado sobre un tablero que creía propio, y a una recomposición partidaria cuyo alcance podrá evaluarse en el escrutinio del 21-D. Recolocación y recomposición que no se iniciaron al activarse el 155, sino que comenzaron cuando la mitad del Parlamento autonómico abandonó sus escaños en el pleno del 6 y 7 de septiembre; cuando la negativa independentista a detenerse siquiera por un momento en su huida hacia delante provocó el traslado de las empresas más importantes de Cataluña a otras partes de España; cuando el PSC acabó haciendo piña con el PSOE en torno a un 155 inevitable. Aunque los resultados de las próximas autonómicas asemejen un calco de la Cámara recién disuelta, nada será lo mismo porque no serán iguales ni los partidos ni las personas que los representen en el Legislativo catalán. Incluso a pesar de que el independentismo fabule, muchas horas después de su cese, que el gobierno de la Generalitat continúa en sus manos, ni siquiera los más resueltos a continuar proclamando la república catalana están en condiciones de eludir la cita crucial del 21 de diciembre.

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