La casilla del castellano

Es ese apoyo socialista frente a los desvaríos del ‘procés’ lo que va a convertir en agua de borrajas su polémica implantación

La casilla del castellano
Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

El Gobierno de Rajoy ha dado un espectacular giro en su discurso sobre la enseñanza de la lengua española en las escuelas catalanas. Hace menos de cuatro meses Méndez de Vigo hizo aquellas famosas declaraciones por las que le llovieron miles de tomatazos simbólicos y virtuales huevos podridos en las redes sociales: «No hay ninguna controversia ni conflicto de ningún tipo con la educación en Cataluña». Ahora Marcial Marín, Secretario de Estado de ese mismo Ministerio, dice que podría usarse el 155 para imponer la casilla del castellano en el clásico formulario de preinscripción escolar que rellenan los padres para sus hijos en esa comunidad. O sea que sí hay una controversia y un conflicto, empezando por el contexto excepcional en el que se aplicaría esa medida y siguiendo por la reacción que ha desatado no sólo en el mundillo independentista sino también en las izquierdas, en los antisistema, en el propio PSC y por extensión en todo el PSOE.

La oposición de estos últimos a esa iniciativa no es extraña. Quien se quiera sorprender es porque tiene ganas de sorprenderse. Por un lado, responde a la vieja estrategia del partido de Iceta de contemporizar con el ideario nacionalista pese a que no le ha salido muy rentable en las autonómicas del 21-D. Por otro lado, el partido de Idoia Mendia es socio del PNV en el Gobierno de Urkullu, las diputaciones y ayuntamientos vascos. Apoyar esa intervención en la docencia pública catalana sería sumar un factor más de fricción a los ya existentes entre ambos partidos por el apoyo de los socialistas al 155 y por la imposibilidad obvia de estos de seguir al nacionalismo en la reivindicación del ‘derecho a decidir’. A todo eso se añade la necesidad que experimenta el PSOE de desmarcarse del PP en algo, en lo que sea, que ya constituye una tradición, pero que Sánchez ve más necesaria que nunca en una situación como en la que se halla, formando un frente legalista para hacer volver al redil constitucional a los secesionistas del exconvergente PDeCAT y la Esquerra Republicana.

Es ese apoyo socialista frente a los desafíos y desvaríos del ‘procés’ lo que va a convertir en agua de borrajas la polémica implantación de la casilla del castellano, que, para colmo, se anuncia en el incómodo formato del mismo 155. Rajoy no ha dado hasta ahora un paso en el tablero catalán sin contar con Sánchez y menos lo va a dar en un momento de debilidad en el que su relación con Rivera ha entrado en una fase de deterioro que hace peligrar su continuidad en el poder. Precisamente es a esa tensión con su principal sostén a lo que responde la invocación de la mencionada casilla, a la clara maniobra de hacerse con una bandera de Ciudadanos que el PP no ha agitado nunca y que ahora agita como si se tratara de un Coco. Pero la casilla del castellano no es el Coco. Es un derecho básico de los catalanes.

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