Calma y caos

Las falsas alarmas también demuestran que la seguridad funciona

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Las palabras obedecen a poderosos magnetismos semánticos y hay que estar alerta para evitar que se dejen llevar y hagan lo que les pide el cuerpo. No es agradable, pero a las palabras hay que recordarles el principio de autoridad. Solo una falta de cuidado a ese respecto explica que estos días se haya relacionado la alarma de la noche del miércoles en el aeropuerto de Loiu con un simpático sustantivo, «caos», cuya etimología nos remite a la idea del abismo que se abre ante nosotros.

Sin embargo, los mismos locutores que hablaban de caos en Loiu explicaban a continuación cómo en Loiu no se había vivido ningún caos. ¿Qué ocurrió en el aeropuerto? Unas llamadas amenazaron con la existencia de una bomba en un avión y se pusieron en marcha los protocolos de seguridad. Al otorgarle la suficiente verosimilitud a la amenaza, esos protocolos implicaron alteraciones en la rutina del aeropuerto y un despliegue veloz y contundente de fuerzas de seguridad y asistencias que incluyó grupos especiales y expertos en explosivos. Fue un gran despliegue, pero fue uno ordenado, metódico, previsto, casi automático. Díganme, ¿dónde está el caos?

Incluso dentro del avión en el que supuestamente viajaba la bomba se mantuvo la calma. El comandante salió de la cabina e informó al pasaje como un lord inglés: «Cabe la remota posibilidad de que haya un paquete sospechoso a bordo, pero estén tranquilos porque la situación está controlada y será cuestión de minutos». Solo le faltó a ese hombre darle un sorbo al té y elogiar la camisa encantadora que llevaba el pasajero del asiento 7B. «Vaya, mírenla todos, ¿no es una camisa realmente maravillosa?».

La actitud del comandante también respondió a un protocolo, a una previsión, a un adiestramiento. La presencia de ánimo se contagia. Hace algunos años yo habría terminado preguntándome quién diablos puede dar un falso aviso de bomba en un aeropuerto. Pero la realidad impone hoy otras preguntas y otros retos, entre ellos el de resistir con sangre fría ante quien quiere empujarnos al caos, al abismo que le conforma. Toca mantener la calma. Como si la realidad subrayase frente a nosotros la recomendación que Lichtenberg anotó en su cuaderno: «Esfuérzate para no estar por debajo de tu tiempo».

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