El callejero

MANUEL ALCÁNTARA

Nuestras calles siguen siendo las mismas, camino de cualquier parte, pero el Ayuntamiento de Sabadell, sin duda para amenizar el lío catalán, se plantea quitarle el nombre a la plaza de Antonio Machado, acusado de «españolista y anticatalanista». Dos mentiras para encubrir la verdad que está desamparada y a merced de algunos ediles separatistas. No está solo el gran poeta. Le acompañan, entre otros, Quevedo y Bécquer, que se pueden quedar sin rótulos al norte de sus calles por considerarlos «residuos franquistas». Hace falta haber leído poco para juntar en una antología del rencor a tantos españoles egregios, cada uno de su padre y de su patria, que es España. No se libran, a juicio de los torvos ediles, ni Goya, ni Góngora, ni Calderón de la Barca, ni La Pasionaria, ni Agustina de Aragón, considerada un mito de la historia españolista inventada por la Guerra de la Independencia.

Corren peligro de traslado a callejones sin salida algunas avenidas. El rencor contra la excelencia crece desde el primer día de la huelga indefinida. A los guardias civiles que intentan poner orden les están llamado esquiroles, mientras a Cristiano Ronaldo le cae una sanción desproporcionada por achuchar a un árbitro, que no por empujarle, porque si le empuja de verdad todavía lo estarían buscando los jueces de línea. Hoy se reúne de urgencia el Gobierno para estudiar el laudo. El empellón, que estuvo muy mal, se considera como agresión a pierna armada. Somos algo exagerados y estamos aburriendo hasta a Morante de la Puebla, que es un gran torero y no un matarife de animales bravos de más de 600 kilos. Estamos ahuyentando a todo lo que nos gustaba en otras épocas y hay que «desterrarse a la memoria». El caso es no aburrirse mientras vuelve Rajoy dispuesto a acabar con la huelga de El Prat. Sea como sea o como le dejen que siga siendo.

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