Caída libre

Iñaki Urdangarin./
Iñaki Urdangarin.
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

El proyecto de Sánchez, en el que creíamos los que no tenemos otras convicciones, también se ha derrumbado. Llegan las prisas y el juez da cinco días y quedan sólo cuatro a Iñaki Urdangarin para entrar en la trena o para seguir esquivándola de cintura. El marido de la infanta Cristina salió anteayer de la Audiencia de Palma, pero no entra dentro de lo más probable, ni de lo que puede ser probado, que vaya a dar con sus aristocráticos huesos (vía matrimonial) a una de las cárceles que se le están buscando. El que fuera gran deportista tiene varias donde escoger, pero no sabe donde encestará. La dimisión de Màxim Huerta ha venido a oscurecer lo que ya estaba turbio, mientras Pedro Sánchez negocia cambios parciales en la reforma laboral.

Ha arrancado el Mundial de fútbol y se utilizarán, por vez primera, medios electrónicos de arbitraje. A algunos nos parece un error porque las equivocaciones de los árbitros son lo que hacen más emocionante al fútbol. Cualquier partido sería más aburrido si los árbitros fuesen infalibles. Sus equivocaciones parten de lo que el gran Luis Cernuda llamó «el error de estar vivo».

El ministro de Cultura se ha resbalado del cargo por defraudar a Hacienda, diciendo que «la inocencia no vale nada ante la jauría». Mientras, mi paisano Fernando Hierro se dispone a dirigir la selección española, ya que el despido de Lopetegui ha sido fulminante y este miércoles fue presentado como nuevo responsable del equipo, después de que Iñaki Urdangarin saliese de la Audiencia de Palma. Es lo malo de las caídas libres, porque llega un momento en el que no tiene dónde caerse. A lo más que podemos aspirar es a que no nos caiga encima, pero no saben estarse quietos y verlas venir coincide con verlas irse.

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