La brújula loca

MANUEL ALCÁNTARA

Debemos agarrarnos porque en la recta final vienen curvas. El ministro de Justicia dice que el Ejecutivo no puede evitar que se declare la independencia y los separatistas catalanes ya tienen hora y fecha: será el próximo lunes, a las diez de la mañana. Quienes la siguen y la persiguen, acaban por encontrarla. El Parlament deberá debatir en un pleno excepcional, antes de que llegue el estado de excepción, si proclama un Estado en forma de república. La CUP lo da por hecho, pero lo tendrá que hacer antes. La buena gente que presencia el desastre no sabe a qué atenerse y se atiene a las circunstancias mientras Puigdemont, alardeando de flexibilidad, dice que no moverá ni un centímetro, ni un pelo de su cabeza. Han tamponado la salida, pero no sabemos si es para que no entren los de fuera o para que no salgan los de dentro.

¿Cómo puede mover ficha Rajoy si no tiene tablero? El mensaje del Rey, que fue inequívoco, está siendo descifrado y algunos se preguntan qué habrá querido decir, es exactamente lo que dijo. No podía gustarle a todos, pero el mayor mérito fue no agradar a nadie. El Parlamento Europeo ha respaldado el uso de la fuerza durante el 1-O, a condición de que sea lo que llaman proporcional. Algo difícil, porque España está dividida en posiciones muy desiguales. No necesitamos Agustinas de Aragón, sino señoras Merkel. Hay que entenderse hablando y volviendo a hablar, a condición de que no hablen todos a la vez. Hasta los Mossos d’Escuadra están divididos. Unos se sienten utilizados por Josep Lluís Trapero y otros se enorgullecen de ser la policía del pueblo. La confusión no precisa de más ceremonias. El independentismo, que empezó siendo una infección, se ha convertido en una pandemia mientras la crisis catalana llega a los mercados y el Ibex se desploma. ¿Quién dijo miedo? Usted y yo lo tenemos, pero hay para todos.

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