‘Brexit’, un divorcio problemático

Reino Unido insiste en salir de la UE sin asumir las consecuencias económicas y sociales de su decisión

‘Brexit’, un divorcio problemático
EL CORREO

Como es de rigor en el oficio diplomático y exigen los buenos modales, Bruselas reaccionó ayer con palabras educadas a la difusa propuesta de Theresa May para formalizar la salida de Reino Unido de la UE y perfilar las relaciones entre ambas partes cuando se formalice esa ruptura. Pero la insistente pretensión de la primera ministra británica de sellar un pacto comercial a la medida de sus intereses, en un desesperado intento de paliar los efectos del ‘Brexit’, y las serias divergencias en cuestiones de enorme peso simbólico, económico y social alejan el horizonte de un divorcio amistoso. El negociador de la UE, Michel Barnier, elogió la «claridad» del esperado discurso de May en la City londinense y alabó «su reconocimiento de los necesarios equilibrios para alcanzar un buen acuerdo». Pero, pese al mensaje conciliador de la jefa del Gobierno británico, nada hace pensar que ese entendimiento esté más cerca. May, con un liderazgo enormemente debilitado en un país partido en dos por el histórico error del ‘Brexit’, enumeró los objetivos que persigue en los ocho meses de negociación formalmente establecidos, que incluyen la asunción del abandono del mercado único y la unión aduanera, aunque aspira a una asociación ventajosa en este terreno. Sin embargo, dejó en el aire qué hacer con la ‘frontera’ entre Irlanda del Norte, de soberanía británica, y la República de Irlanda, miembro de la UE, que se cierne como una cuestión de singular conflictividad. En el fondo, Reino Unido aspira a un imposible: aprovechar lo que le conviene de la UE, pero sin estar en ella. Preservar su presencia en ciertas agencias europeas y mantener la City como el gigantesco centro de negocios que es desde el siglo XIX sin asumir la factura que implica su voluntaria salida de la Unión. La primera ministra admitió que el ‘Brexit’ tendrá consecuencias para su país. «Estamos abandonando el mercado único. La vida va a ser diferente», proclamó. Y peor, le faltó decir mientras crecen las voces que piden un nuevo reférendum. Pese a sus ambivalencias, el discurso de May dejó claro que el país se va de una Europa continental a la que solo ve como el continente empeñado en un proceso político-institucional de fuerte resonancia histórica que, en realidad, nunca ha sido ni una preocupación ni un deseo para Reino Unido.

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