Bloqueo catalán

La igualdad entre independentistas y constitucionalistas alienta el fantasma de la ingobernabilidad

Bloqueo catalán
EL CORREO

La campaña electoral del 21-D avanza envuelta en un clima de cierta excepcionalidad, inevitable por el origen de la propia convocatoria: la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Un contexto que condiciona el debate político, circunscrito en buena medida a mensajes identitarios y legalistas, y en el que apenas encuentran cobijo la sanidad, el empleo y otros problemas prioritarios para la ciudadanía del resto de España. Según se acerca el día de la verdad, crece el fantasma de una Cataluña ingobernable salvo que se den circunstancias poco probables, a priori. La primera: que se equivoquen todas las encuestas. Los sondeos conocidos en los últimos meses, sean quienes sean sus promotores, coinciden en dibujar un mapa político fracturado en dos bloques opuestos -independentistas y no independentistas-, con una fuerza casi idéntica y en los que sólo existe trasvase interno de votos, no de un bando a otro. Una Cataluña partida en dos, con los ‘comunes’ -los aliados de Podemos- como fieles de la balanza. La segunda: que los candidatos ignoren sus propios mensajes de campaña y se olviden de los vetos que se han cruzado entre sí, lo que abriría toda clase de opciones, descartadas hoy por hoy por sus eventuales protagonistas: desde un Gobierno independentista con el aval de los ‘comunes’ -un suicidio político para Pablo Iglesias y quizás también para Ada Colau- hasta una coalición entre los constitucionalistas si diera la suma -el PSC se niega- o una entente entre Esquerra, los socialistas y En Común Podem. Mientras llega la hora de las urnas, la Justicia sigue acaparando protagonismo. Bélgica cerró ayer el proceso contra Carles Puidgdemont y los cuatro exconsejeros que le acompañan en su autoexilio tras haber anulado el Supremo la euroorden cursada en su día. El expresidente de la Generalitat ha aprovechado su fuga para, con astucia y una absoluta falta de escrúpulos, fortalecer sus expectativas electorales con mensajes victimistas y populistas. Una huida para eludir la acción de la Justicia que no le impide presentarse como un mártir, mientras Oriol Junqueras (ERC), su principal rival por el voto secesionista, permanece encarcelado. Pese a sus bravatas, parece complicado que Puigdemont se presente en España -donde sería detenido- antes del 21-O, salvo que ese golpe de efecto sea determinante, según sus cálculos, para asegurarse una victoria en las urnas y redoblar así su presión sobre el Gobierno, la Justicia y la comunidad internacional.

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