Bendito San Mamés

Andoni Ayarza
ANDONI AYARZA

Cada vez son más los profesionales -entrenadores y futbolistas- que minimizan el valor del factor cancha y afirman que el hecho de jugar el segundo partido de una eliminatoria en casa no resulta una ventaja especialmente significativa ni determinante. Y en muchos de los supuestos, estadísticas en mano, no les falta razón. Sin embargo, San Mamés escapa claramente a esa percepción. El embrujo mágico y la presión escénica de La Catedral siguen revelándose como ingredientes fundamentales en los recurrentes relatos de remontadas y gestas de los leones al amparo de los suyos.

Y sin ir más lejos, basta con recapitular las cuentas de la pasada campaña. En el campeonato liguero, aunque el equipo solo sumó 20 puntos a domicilio (nueve equipos -los seis primeros clasificados más Espanyol, Alavés y Eibar- consiguieron más puntos que los rojiblancos); el excelente rendimiento casero, con numerosas y épicas remontadas 'in extremis', concedió el premio de volver a tener la posibilidad de jugar un curso más en Europa.

E igualmente en la propia Fase de Grupos de la última Europa League disputada, el descalabro lejos de Bilbao (derrotas frente al Sassuolo italiano y al Genk belga y empate contra el Rapid en Viena) se contrarrestó con el pleno de victorias en casa que posibilitaron el paso a dieciseisavos de final. Y precisamente cuando en esa ronda el azar obligó a jugarse la continuidad (segundo partido) en Nicosia frente al Apoel chipriota, se certificó la decepción más dolorosa e inesperada de la pasada temporada. Sin duda alguna, significativas y relevantes estadísticas de cómo el escenario y el atrezo influyen en las alegrías y tristezas del Athletic. Bendito San Mames diría yo.

Esta noche, afortunadamente y gracias al empate a uno firmado en Bucarest, no será necesaria ninguna remontada espectacular. Pero sí un partido sin concesiones defensivas, sobrio y solvente tácticamente, para esquivar cualquier atisbo de inquietud y sufrimiento. Y a partir de esa premisa que sean las superioridades generadas por banda, el poderío aéreo en las jugadas de estrategia ofensiva, la capacidad de desequilibrio en el uno contra uno de Muniain, las llegadas desde segunda línea de Raúl García, la pegada de Aduriz... lo que haga valer la evidente diferencia de potencial entre ambas escuadras.

En definitiva, una velada para disfrutar de la primera alegría de la temporada. La primera del sueño europeo con destino Lyon.

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