El batiburrillo catalán

Puigdemont se refugia en Bruselas tras la querella de la Fiscalía, y el soberanismo se pliega al 155 y pone rumbo al 21-D

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El de ayer podía había sido un día triste, complicado o directamente incendiario. Triste porque no resulta agradable ver cómo el Gobierno central se ve impelido a intervenir la autonomía catalana porque la mayoría de aquella comunidad se salta la ley y los valores democráticos. Complejo porque podíamos haber vivido una colisión de legitimidades. O incendiario porque lo anterior derivara en altercados.

Por fortuna, el primer día laborable de vigencia del artículo 155 en Cataluña tuvo mucho de batiburillo, pero discurrió por parámetros aceptables dada la gravedad de la situación política. El aventurerismo ‘indepe’, tras años de dar la matraca, asumió en muy pocas horas horas el fracaso de su república y se plegó al nuevo tiempo.

Tampoco hubo choque de legitimidades. Solo el exconseller Josep Rull acudió a su despacho. Subió una foto a las redes sociales y se marchó, a instancias de los Mossos. El Gobierno Rajoy puso su grano de arena y evitó cuidadosamente llevar a cabo un desembarco masivo de ministros o secretarios de Estado en las consellerías.

Y eso que el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, había anunciado que procedería contra los principales rostros del finiquitado ‘procés’, y lo hizo. El Ministerio Público interpuso en la Audiencia Nacional querellas contra el expresident Carles Puigdemont y los trece integrantes de su gabinete por sedición, rebelión y malversación. Y contra la presidenta del Parlament, Carme Forcadell y los otros cinco miembros de la Mesa que tramitaron la DUI (Declaración Unilateral de Independencia) ante el Supremo.

La reacción de Puigdemont, que en pocos días se ha convertido en un gran bluff para una parte del secesionismo, se marchó de inmediato a Bruselas junto a cinco exconsellers -dos del PDeCAT y tres de Esquerra-, entre los que no se encuentra Oriol Junqueras. ¿Para pedir asilo?

El exparlamentario soberanista, excantautor y últimamente insultador oficial, Lluis Llach, sugirió que sí. Hoy tendremos la respuesta. Pero si Bélgica amaga siquiera con tomar en consideración tamaña demanda estaría colocando otro rejón de muerte a la Unión Europea.

Pero a República muerta -para ser más exactos habría que decir ‘non nata’- urnas puestas. Los neoconvergentes del PDeCAT y ERC se apresuraron a confirmar que participarán en las elecciones que Rajoy ha convocado para el 21 de diciembre, lo que no se atrevió a hacer el expresident horas antes para desilusión, por ejemplo, del PNV. Todos los indicios apuntan a que irán por separado.

En este supuesto, y si nada -judicialmente- lo impide, Oriol Junqueras será el candidato de ERC. Los neoconvergentes barajan dos nombres. Si mantienen la apuestra secesionista el mejor colocado es Josep Rull. Si hay viraje hacia el catalanismo, el candidato sería Santi Vila, que dimitió cuando Puigdemont entró en pánico y renunció a ir a elecciones.

Medios políticos catalanes creen que Vila está dispuesto a emular al presidente francés Macron. Es decir que si el PDeCAT no le elige como candidato podría presentarse con sus propias siglas para captar el viejo voto catalanista de CiU. La magnitud que tenga esta bolsa de electores y el número de abstencionistas españolistas que acudan a votar pueden decantar el futuro inmediato de Cataluña.

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