El PNV y la batalla sobre las víctimas

Euskadi va a contar con dos centros en su recuerdo, el Memorial de Vitoria y Gogora, en Bilbao, con enfoques bien diferentes. ¿Qué buscan los jeltzales con sus andanadas al proyecto que se levanta en la capital vasca y controla Rajoy?

El PNV y la batalla sobre las víctimas
ALBERTO AYALA

Hace ocho días, Bilbao acogía el tercer acto institucional anual en recuerdo a las víctimas del terrorismo que organiza el Gobierno vasco del lehendakari Iñigo Urkullu. Allí se dieron cita representantes de todas las formaciones presentes en el Parlamento de Vitoria, con la excepción de la izquierda abertzale, de Sortu, que sigue anclada en el inmovilismo.

Al encuentro tampoco faltaron ni el responsable de la oficina de víctimas del Ejecutivo autónomo, el equidistante Jonan Fernández, ni el director del Memorial de Víctimas que se levanta en la capital vasca, Florencio Domínguez. Fuentes que no han podido ser confirmadas sugieren que tras alguna trastienda previa.

Pese a semejante imagen de unidad -con la salvedad ya mencionada de los antiguos voceros de ETA-, lo cierto es que las aguas parecen bajar un tanto revueltas entre las instituciones que lideran las dos entidades en recuerdo a las víctimas y entre los partidos que las controlan, es decir el PP de Mariano Rajoy, en el caso del Memorial de Vitoria, y el PNV de Andoni Ortuzar, en el del Instituto de la Memoria Gogora de Bilbao.

Los jeltzales han lanzado en las últimas semanas lo que tiene toda la pinta de ser una campaña orquestada contra la institución que dirige el periodista Florencio Domínguez. ¿Con qué intención? ¿El momento elegido guarda alguna relación, como cabe pensar, con el hecho de que se espera que populares y peneuvistas abran en las próximas semanas las negociaciones para que los jeltzales vuelvan a hacer posible con sus votos la aprobación de los Presupuestos del Estado para 2018, como ya sucedió en 2017?

El primero en romper el fuego, a finales del mes pasado, fue el habitualmente templado senador guipuzcoano del PNV Jokin Bildarratz. En una interpelación al presidente Rajoy en la Cámara alta, el político jeltzale denunció que el Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, que se construye en la antigua sede del Banco de España en la capital alavesa, «no está teniendo en cuenta la pluralidad deseable».

«La construcción de una memoria justa y verdadera exige analizar nuestro pasado con una mirada basada en el ‘pluralismo memorial’», sostenía Bildarratz en un reciente artículo de opinión. «Una mirada que trate de lograr un ámbito de diálogo democrático en el que se encuentren todas las miradas y en el que se haga sitio también al punto de vista de las y los otros», añadía.

Sólo unos días después era la máxima responsable del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos Gogora, la exparlamentaria de Aralar y exmano derecha de Jonan Fernández, Aintzane Ezenarro, quien lamentaba la «falta de coordinación» entre ambos centros. E iba más allá. «Si de verdad quiere ser una herramienta útil para Euskadi tendría que asumir la pluralidad de sensibilidades democráticas que hay a la hora de abordar la memoria y aceptar que el Gobierno vasco también está en el patronato del Memorial». Un patronato que preside y controla el presidente Rajoy, y que no se ha reunido desde la sesión constitutiva del mismo que se celebró en la Zarzuela con la asistencia del rey Felipe VI.

El verdadero problema

Hace tiempo que es algo más que una evidencia que PNV y PP están en absoluto desacuerdo sobre la manera de enfocar la realidad de las víctimas. Los populares rechazan de plano las equidistancias (como el PSE) y creen que las víctimas de la banda terrorista ETA deben ser contempladas y homenajeadas de manera diferenciada de otras. Sin que ello suponga en modo alguno intentar minusvalorar el dolor de las restantes.

A esa filosofía responde el Memorial que se construye en Vitoria. Quienes acudan al centro -que se estima no estará terminado antes de final de este año o comienzos del próximo- podrán visitar una impactante reproducción del zulo en el que terroristas de ETA mantuvieron recluido durante la salvajada de 532 días al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que finalmente pudo ser liberado por la Policía con tremendas secuelas.

Los peneuvistas, y Gogora es un fiel reflejo de ello, defienden por su parte una memoria que tenga en cuenta a todas las víctimas. Por supuesto a las de la banda terrorista ETA. Pero también a las del terrorismo de Estado (GAL o Triple A), a las del franquismo y a las de abusos policiales, por ejemplo a los asesinados en el 3 de Marzo de Vitoria.

Veremos si el asunto se queda aquí o si, por el contrario, la tormenta arrecia. No parece tener demasiado sentido que dos políticos relevantes como Bildarratz y Ezenarro apunten en una misma dirección a humo de pajas.

Parece difícil que las presiones peneuvistas logren torcer la línea del futuro Memorial de Vitoria. No, al menos, con sus actuales responsables al frente. Otra cosa es que consigan incrustar a algunos de los suyos en la dirección.

Derrotado el terrorismo asistimos hace tiempo a la batalla del relato. El que se imponga será el que se transmita a futuras generaciones. Y sería indecente que ETA pasara a la historia como algo distinto a lo que fue: una banda que asesinó, extorsionó e intentó una limpieza étnica en Euskadi.

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