Zorrozaure: barrio prometido

Bilbao completa el diseño del plan «más estratégico de la ciudad»

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hubo un tiempo en el que Zorrozaurre no solo iba a ser Manhattan, sino que iba a albergar una sucursal del Pompidou. O del Prado. Puede que del Calouste Gulbenkian. Conociéndonos, al menos no se aseguró que fuese a ser una sucursal de los tres museos a la vez. Pero iba a ser, en cualquier caso, un museo de primera categoría.

Así se anunció hace nueve años. Lo hizo el alcalde Azkuna, que festejó la oportunidad de que «los que nos sucedan» pudiesen montar «algún museo más a lo largo de la ría». Junto a él estaba aquel día el consejero de Urbanismo del Gobierno vasco, Javier Madrazo, que definió el proyecto de Zorrozaurre como «la mayor operación socio-urbanística de Euskadi en los 30 últimos años».

Como cualquier otro líder amenazado por su propia fugacidad, Madrazo hizo sus cálculos en términos retroactivos y pasando por alto que la arquitecta Zaha Hadid había presentado el Master Plan de Zorrozaurre en octubre de 2004. En 2008 la cosa ya arrastraba un cierto retraso, pero se entendía aún esa demora como el lastre imponente de los proyectos realmente históricos. Por desgracia, lo que vino después sí fue histórico: el desplome de la crisis y un rosario constante de problemas. Los hubo de todo tipo. Técnicos, vecinales, institucionales, económicos, anímicos, filosóficos.

El modo en que el proyecto de Zorrozaurre ha ido capeando ese temporal constituye un ejemplo práctico de lo que la política tiene de gestión de la realidad. Ya nadie habla de museos internacionales y el concejal de Planificiación Urbana anunció ayer «el pistoletazo de salida» que permitirá las primeras obras de urbanización en Zorrozaurre sin mayor pirotecnia. Se trata de un «hito en el proyecto», pero Asier Abaunza ni siquiera mencionó Manhattan. Más administrativo que épico, dio cuenta de la aprobación definitiva del «Proyecto de Urbanización de la Unidad de Ejecución 1, de la Actuación Integrada 1 del Área Mixta de Zorrozaurre».

El Ayuntamiento habla ahora de un barrio que se relacionará con el agua, dispondrá de amplios paseos y tendrá en cuenta a los ciclistas. También habrá «zonas variadas y flexibles» y eso suena comprensible. Como si en lugar de anunciar fenómenos inexistentes se reservasen espacios para lo que quizá un día pueda existir.

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