Ayer Hiroshima, hoy Nagasaki

Quien pensó que esta fiesta era gratis se equivocó de pleno. Nos va a costar mucho a todos

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Si la decisión adoptada el jueves por el Banco Sabadell supuso, para el proceso de independencia de Cataluña, algo así como la bomba nuclear que cayó sobre Hiroshima; las tomadas ayer fueron el equivalente a la bomba que tres días después cayó sobre Nagasaki. El jueves el Sabadell decidió irse a Alicante; ayer, CaixaBank anunció su traslado a Valencia, Gas Natural se irá a Madrid y Freixenet, Codorníu y varias empresas más avisaron que harán lo mismo en el próximo futuro. Eso, por lo que respecta a las grandes compañías, pero se avisa ya de notarías abiertas el fin de semana y oficinas bancarias con prolongación de horarios, todo ello para acoger a empresas medianas y pequeñas que desean escapar del asedio y a clientes que buscan poner a salvo sus ahorros.

Conclusión, se ha iniciado un camino sin retorno que va a debilitar seriamente a la economía catalana. Aunque algunas de las decisiones se anunciaron como temporales, puede usted sentarse a esperar que se conviertan en reversibles. Esto es ya una bola de nieve que irá a más, no a menos, en especial si los líderes independentistas siguen en su empecinamiento aventurero.

El presidente Artur Mas aseguró ayer que Cataluña se ha ganado el derecho a independizarse. Ya, pero ¿ha calculado alguien el costo de hacerlo? No hace falta, hay muchos otros que se van a encargar de facilitarle el dato. Quienes nada tienen que perder -los hinchas de la CUP por ejemplo-, insistirán en el entusiasta eslogan de «cuanto peor, mejor», pero parece que todos aquellos que tienen un trabajo que defender y unos ahorros que cuidar no lo ven tan claro.

Gas Natural se marcha a Madrid y CaixaBank se irá a Valencia en cuanto entre en vigor el real decreto-ley aprobado ayer por el Consejo de Ministros para facilitar la adopción de estas traumáticas decisiones. ¿Sería indelicado preguntarse por qué razón ni el Sabadell ha considerado recalar en San Sebastián, sede de su filial Banco Guipuzcoano, ni CaixaBank en Pamplona, sede de su filial la Caja Navarra, ni Gas Natural en Bilbao, que es un gran hub gasístico? Me temo que sí, que es indelicado. Pero quizás no estaría de más que algunos tomen nota.

No todas las empresas se van por posicionamiento ideológico, que en estas grandes compañías es tan plural como en la sociedad misma. Los bancos se marchan porque, a pesar de su evidente solidez de balance y de su eficacia en la gestión, temen una salida desordenada de sus depósitos. Un mal que carece de cura. Otros se van por miedo a perder clientes y otros, sí, por desacuerdo con la deriva de los acontecimientos. Quien pensó que esta fiesta era gratis se equivocó de pleno. Cuesta mucho. Nos va a costar mucho a todos.

¿Hay solución? Para quienes deben tomar las decisiones, no. Se han lanzado al abismo sin paracaídas y con los bolsillos atiborrados de piedras. Se hundirán agarrados a su proyecto. ¿Hay alternativa a la catástrofe? Lo dudo. Las apelaciones vacías al diálogo carecen de la mínima relevancia mientras no concreten de qué y con quién hay que negociar. Mientras que las llamadas a la mediación no tienen futuro. Ningún Estado democrático y legal -aunque algunos lo duden, España lo es y así lo considera la comunidad internacional-, admitiría una intervención exterior de este tipo. Habrá quien piense que esta es una posición frentista. Ya, pero pongamos un ejemplo, aprovechando que el lehendakari se ha ofrecido a ello. ¿Admitiría él mismo que el Gobierno de La Rioja, por poner un ejemplo cercano, mediase en sus habituales disputas con las diputaciones forales a cuenta de la Ley de Aportaciones? Lo dudo.

Este proceso de huida de la locura no termina aquí y se va a convertir en un escollo terrible para los defensores del ‘procés’ que, o descarrila o se estrella contra el muro de la realidad. Una alternativa cruel, pero también una alternativa previsible. Que carguen con ello quienes no lo previeron.

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