¿Para cuándo estará?

El parón en la regulación del mecenazgo y las fundaciones coincide con la penuria y la escasa jerarquía de la cultura en el gasto público vasco

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Las instituciones vascas deberían responder en el próximo curso político a las voces que piden una nueva ley de mecenazgo que estimule la participación privada en la financiación de la cultura. En el último mes y con pocos días de diferencia, dos responsables culturales tan significados como Miguel Zugaza y Juan Ignacio Vidarte se han referido a la necesidad de una nueva norma en la materia. Zugaza lo afirmó al reconocer lo bien que vendría un mayor estímulo fiscal a los mecenas para financiar el nuevo cuadro de Paret adquirido por su museo. De igual manera, y en una reciente entrevista, Vidarte no solo consideró que deben darse pasos para potenciar el entendimiento de la cultura como valor social y estratégico, sino que también es necesaria una ley de mecenazgo.

En el País Vasco la norma que lo regula apenas ha sufrido transformaciones desde el tripartito de Ardanza, salvo la adaptación del año pasado para facilitar la actividad de las fundaciones bancarias. Tampoco se ha mejorado nada, obviamente, en lo que se refiere a los incentivos fiscales contemplados en las ordenes forales. Y el caso es que este parón en la regulación del mecenazgo y las fundaciones sigue coincidiendo con la penuria y la escasa jerarquía de la cultura en el gasto público vasco. ¿Para cuándo tendremos una nueva ley de mecenazgo? ¿Habrá que esperar a que se modifique la ley estatal para hacer el seguidismo habitual? Veremos.

Música sinfónica

Compromiso político

El activismo y el compromiso político son viejos aliados de la expresión cultural. Mucho más, claro, cuando el prestigio del que opina tiene una enorme repercusión. Ello es perfectamente extrapolable al mundo de la música sinfónica, donde se pueden citar ejemplos tan conocidos como los esfuerzos conjuntos de Daniel Barenboim y el escritor palestino Edward Said ante el conflicto árabe-israelí y las improvisaciones del chelista Yo-Yo Ma contra la devastación de una aldea kurda. Este respetable y tradicional activismo político en el mundo sinfónico ha tenido esta semana nuevos ejemplos.

Los dos primeros han tenido lugar en Londres, en plena celebración de los populares Proms. Si por un lado el prestigioso Simon Rattle -que en el verano de 2018 abandonará su puesto en la Filarmónica de Berlín- ha manifestado que de haber sabido por anticipado el triunfo del ‘Brexit’ hubiera sido mucho más cauteloso a la hora de aceptar su nuevo cargo como director de la Sinfónica de Londres, por otro también Barenboim ha improvisado un pequeño discurso desde el atril contra el ‘Brexit’ y el auge del nacionalismo. A todo ello hay que añadir la cancelación gubernamental de la gira estadounidense de Gustavo Dudamel con la orquesta joven de Venezuela por sus críticas contra la represión y la deriva dictatorial del régimen Maduro. Si como dice Rattle los músicos pueden contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, entonces no cabe duda de que su opinión y su compromiso político son fundamentales.

Arte

Ronnie Wood

En el caso de Ronnie Wood y su relación con la música y el arte no se puede decir que fue antes el huevo que la gallina, es decir, que antes fuera su larga trayectoria con Jeff Beck, Small Faces y los Rolling Stones que su condición de artista plástico, una actividad en la que el músico británico de 70 años se inició bien pronto en el seno de una familia ciertamente creativa. Pues bien, fruto de esta paralela dedicación es el libro, que acaba de aparecer en Reino Unido, ‘Ronnie Wood: Artist’ (Ed. Thames & Hudson), un auténtico catálogo razonado que incluye cerca de 400 obras en diferentes formatos y diferentes épocas que abarcan sus años juveniles y sus trabajos de madurez.

En tan amplia selección no podían faltar sus conocidas acuarelas que retratan a los integrantes de los Rolling Stones, sus dibujos desde la perspectiva de los escenarios, sus pinturas de las celebridades de Hollywood (James Dean, Paul Newmann y Marilyn Monroe), sus homenajes a las estrellas del jazz y las escenas familiares y los apuntes de su vida cotidiana. El libro cuenta también con los comentarios del propio Wood sobre las obras e incluso con una introducción de Emmanuel Guigon, el actual director del Museo Picasso de Barcelona, algo que da una cierta respetabilidad académica a una obra que también tiene una demanda notable en el mercado del arte.

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