los arrepentidos

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

A juzgar por el número de divorcios, de lo que más se lamentan los españoles es de haber dicho dos palabras: ‘sí, quiero’, en ocasión solemne. El amor dura lo que dura, pero la adhesión a un partido político también tiene los días contados y cantados. La coalición electoral Unidos Podemos no ha dado el resultado que se esperaba, como ocurre con algunos partidos de fútbol. Pablo Iglesias y Alberto Garzón están un poco decepcionados después de haber perdido un millón de votos en las elecciones del 26-J y más ahora, cuando, según el CIS, un 8,8% de los que apostaron por ellos dicen ahora que ya no les votará. Las papeletas no se dan, si no se prestan y en la pecera de las urnas siempre hay tormentas. El maltrecho Rajoy dice que está en forma después del lumbago y dispuesto a repetir. Es una manera de alejar el debate sobre su sucesión. Quizás no sea buena, pero es la mejor que ha encontrado y ahora lo que pide es que se mime al turismo, porque tratarlo a patadas es un disparate además de ser una falta de educación.

Para darse cuenta de lo bien que le va a España es necesario contemplar lo mal que le va a Venezuela, que cuando yo caí por allí era potencialmente el país más rico del mundo que habla nuestro glorioso idioma. Ahora tiene un ejército con 2.000 generales, que son muchos pero parecen más si se les compara con los 900 de Estados Unidos. Lo peor no es que el gran Contador haya colgado su bicicleta, sino que al Tajo le falte agua. El que fuera un guerrero de relente está viendo su peor crisis de los últimos tiempos. El río más extenso de la Península Ibérica agoniza por la falta de reservas en los pantanos de cabecera y por nuestra mala cabeza. Todos van a dar en el mar, que es morir, pero no hay que acelerar su defunción. Todo a su tiempo y todavía estamos a tiempo.

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