Aritmética catalana

El régimen que resultase de una dinámica secesionistade hechos consumados que se erigiera en estado independiente consagraría el poder exclusivo de los incondicionales

KEPA AULESTIA

La decisión de CatComú, el nuevo partido que lideran Xabier Domènech y Ada Colau, de llamar a la «participación» el 1 de octubre entendiendo la jornada como «de movilización», pero sin secundar un referéndum que Junts pel Sí y la CUP pretenden «vinculante», se convirtió ayer en la última novedad de un enredo que no cesa; en la noticia que permitirá al independentismo seguir describiendo a los catalanes de forma cada vez más monocolor, con el argumento de que hay una amplia mayoría que se muestra favorable al ‘derecho a decidir’. La aritmética secesionista tiende a sumar posiciones ideológicas y políticas diversas, peras y manzanas, en la esperanza de que nunca tendrán la oportunidad de volverse contradictorias entre sí. De ahí que el independentismo meta en el mismo saco a los restos convergentes, a ERC, a la CUP, a ‘los comunes’, y a los socialistas que no tienen empacho en advertir de que al final la solución al problema catalán pasará por un referéndum. La jugada es bien simple; se trata de que la voluntad diferenciada de cada uno de los sumandos no importe frente al resultado final. Resultado que está fijado desde antes de que comenzara la operación aritmética.

Todo se basa en la presunción de que la ola independentista se adueñará incluso de aquellas corrientes que por momentos parecen divergir. Lo distintivo del proyecto secesionista -que con toda elocuencia recoge el texto para la Ley del Referéndum, que la concibe como norma suprema- es que el resultado solo puede ser gobernado por independentistas. No hace falta que los documentos que se manejan lo anuncien expresamente. Ni siquiera que esté presente -que lo está- en el interlineado del borrador con intenciones legislativas que se presentó el pasado día 4. Es sencillamente imposible que una república catalana conceda a quienes conciben el futuro de esa comunidad dentro del vigente marco constitucional y estatutario oportunidad alguna de aspirar a su gobierno. La propia formulación de un cambio tan drástico y ajeno a toda regla previamente establecida implica la exclusión política no solo de los contrarios al mismo; también quedan fuera de juego los escépticos y los diletantes. La fulminante destitución del consejero de Empleo, Jordi Baiget, obedece al efecto embudo que procura el independentismo institucionalizado. La demostración de que, por su propia naturaleza, el régimen que resultase de una dinámica secesionista de hechos consumados que se erigiera en estado independiente consagraría el poder exclusivo de los entusiastas.

La obcecación independentista, instalada en el Palau de la Generalitat, no deja sitio a espíritus libres o críticos. Por eso resulta tan sorprendente que los integrantes de CatComú, empezando por Colau y Doménech, se dejen sumar tan fácilmente, poniéndose a merced de los manejos secesionistas. Puede que se trate de un rasgo de ingenuidad; de la expresión sincera de una idea que no se detiene a sopesar posibilidades e inconveniencias. Pero puede que se trate de un cálculo, aunque sea intuitivo, respecto a la necesidad de no despegarse demasiado de la égida independentista, en tanto que resulta muy comprometido enfrentarse a ella cuando no se atisba fórmula alternativa alguna que desbarate la efervescencia, o pudiera encauzar la frustración en caso de que finalmente se empantane el ‘proceso’.

Ocurre que los demás -los otros- no quieren sumarse, porque se saben distintos entre sí y porque temen acabar restando. Ciudadanos, el PP y el PSC han llegado a personarse juntos ante el TC, y a coincidir en tomas de postura y votaciones parlamentarias. Pero no cuentan con una fórmula compartida para sacar a Cataluña del atolladero, más que la de oponerse en distintos tonos a la deriva secesionista. Podría decirse que es una actitud inteligente, dado que la suma partidaria pondría en entredicho su respectiva personalidad. En cualquier caso se trata de un dato significativo porque favorece la aritmética independentista, que tiende a sumar todo aquello que no está abiertamente contra la secesión, aunque en realidad solo tenga en cuenta a los incondicionales. Los demás ni siquiera merecen la consideración de compañeros de viaje.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos