De árboles y bosques

Zapatero trata de lavar esa imagen que quedó maltrecha durante la gestión presidencial en España

Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Ha sido el único, precario y cuestionable éxito de ese opaco papel de mediador que Zapatero aún nos intenta vender en la Venezuela de Maduro: la ‘excarcelación intermitente’ de Leopoldo López, que es, a su vez e intermitentemente, arresto domiciliario y reencarcelamiento. El Gandhi del socialismo español logró el pasado 8 de julio un triunfo diplomático sin precedentes: que Leopoldo saliera de la cárcel para volver a ella el 1 de agosto y para que Maduro volviera a sacarlo el día 5 hasta que le dé por volver a meterlo. No quiero regodearme en esa espectacular conquista de la doctrina del diálogo. Pero el caso merece una reflexión sobre cierta genuina manera de hacer política, o de intervenir en ésta, buscando, no el bien colectivo ni las soluciones a largo plazo sino el lucimiento personal, el tente mientras cobro, el atajito, la chapuza, la moto averiada que revienta en la primera curva que tomamos. Y es que, mientras Maduro mete y saca del trullo a Leopoldo, ha logrado imponer su bananera Asamblea Constituyente, que es un golpe de estado que se ha dado a sí mismo.

Mientras se celebraba como una victoria democrática ese éxito basura de nuestro hombre de paz en Venezuela, esa libertad de usar y tirar; mientras se cantaba el «Zapatero lo ha conseguido», Maduro apuntalaba su régimen. Lo malo de ese modo de encarar los problemas es que no consiste ya en mirar solo al clásico árbol que no nos deja ver el bosque sino en algo más estúpido y perverso: en negar el bosque porque no nos deja ver el árbol. Consiste en cerrar los ojos ante todos los bosques problemáticos para ver solo un árbol sistemáticamente y abrazarlo. Lo malo de «la solución Zapatero» es que no se queda en un simple error y en un caso concreto -el de la trágica situación venezolana- sino que es toda una mística de la equivocación, una filosofía del fraude, una fe ciega en la ‘miopía forestal’ como forma de entender la política y la vida. Zapatero hoy trata de rehabilitarse mediáticamente con ese papel críptico y acrítico que está jugando en Venezuela. Trata de lavar esa imagen que quedó maltrecha durante su gestión presidencial en España, pero vuelve a caer en el mismo tipo de errores que la empañaron, porque estos no fueron circunstanciales sino esenciales. Son lo que sabe hacer. Son lo suyo.

Se abrazó al árbol del gasto público para no ver el bosque de la crisis que aún arrastramos. Se abrazó al árbol de la negociación con ETA para no ver ese bosque totalitario que echa raíces en las instituciones después del terrorismo. Se abrazó al árbol del Estatut para no ver el bosque del ‘procés’ que estaba incendiando. Se abrazó al árbol de la memoria histórica para no ver el bosque populista que plantaba. Se abrazó, en fin, al éxito basura de la excarcelación kleenex de Leopoldo para no ver el bosque de esa dictadura que tiene delante de los ojos.

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