anatomía del desastre

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Ya es oficial: España está viviendo la peor crisis de su historia democrática, que se agravará en las próximas horas con un dramático viraje hacia el caos si nadie lo remedia antes. Resulta oportuno en este tenso ‘impasse’ hacia lo irreversible repasar los motivos por los que el conflicto catalán se encamina peligrosamente hacia el desastre ante la pasividad, la frivolidad o la irresponsabilidad de la mayor parte de los actores concernidos. Quienes en Euskadi han demandado una salida dialogada y observan pasmados el aroma a revuelta que se ha adueñado de Cataluña -y la tensión en Madrid, donde el 1-O ha exacerbado los bajos instintos de un puñado creciente de nostálgicos- cruzan los dedos para que se obre el milagro y los moderados del PDeCAT, en un gesto tan improbable como suicida, se bajen del tren en marcha para tirar del freno de emergencia con su abstención en la votación de la declaración unilateral de independencia en el Parlament. A estas alturas, parece difícil que quienes han alimentado al monstruo se arrojen en sus fauces, así que, pese a los bienintencionados intentos de muchos, preparémonos para lo peor.

El primer y evidente motivo para la preocupación es el clima irrespirable que se está apoderando de las calles de Cataluña, donde se corean eslóganes ( ‘vosotros, fascistas, sois los terroristas’, ‘prensa española, manipuladora’) que recuerdan a la violencia de persecución contra el diferente de los años de plomo en Euskadi. Escraches frente a las sedes de los partidos. Agentes expulsados de sus alojamientos. Asociaciones de la Guardia Civil que dicen haber retrocedido «al País Vasco de 1981». Profesores y jueces acosados. Demasiadas similitudes, demasiados malos recuerdos. Oficinistas trajeados cantando mantras revolucionarios. Representantes públicos animando a identificar a los bares y restaurantes que no secunden los paros. Un Gobierno que jalea una huelga general. De la mala fe de unos dirigentes que han azuzado al pueblo en la calle contra el marco constitucional se ha dicho prácticamente todo. De la ceguera política que ha demostrado Rajoy al dejar que el problema se agigante y cobre vida propia, también. Incluso, se ha hablado ya de las imágenes del legítimo uso de la fuerza por parte de los poderes del Estado que se repetirían si se aplica el artículo 155 de la Constitución, bien sea formalmente (parece difícil sin el respaldo expreso del PSOE) o por la vía de los hechos, lo que sin duda acabaría con la detención de los principales líderes soberanistas.

En las horas previas a esas imágenes dantescas, con la ‘toma’ ciudadana del Parlament incluida, los partidos, sin excepción, tampoco están demostrando la generosidad, el sentido de Estado y la unidad que la gravedad de la situación demanda. El PP habla de posibles muertos en Cataluña. Pedro Sánchez impulsa la reprobación de la vicepresidenta por el operativo policial del 1-O al tiempo que se solidariza con los agentes, con la calculadora en la mano y el aliento de Podemos en la nuca. La misma calculadora a la que recurrió el PNV cuando salió a la calle de la mano de EH Bildu. La que aporrea Otegi cuando pide una Lizarra bis. Ciudadanos exige unas elecciones en Cataluña pero convocadas por Madrid, que serían sin duda boicoteadas. Los catalanes de bien se acuerdan ahora del poeta barcelonés Jaime Gil de Biedma que escribió: «De todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España porque termina mal».

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