Ambigüedad buena, ambigüedad mala

Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Eres de Podemos y no tienes una postura contundente sobre lo que hay que hacer el 1 de octubre en Cataluña? Entonces eres poco claro. Eres contradictorio. Tus principios se adaptan a tus intereses cortoplacistas. Para unos eres un unionista indeseable. Para otros un enemigo de la España de toda la vida. Tanta democracia participativa y a la primera de cambio te bajas del derecho a decidir. Se te ha visto el plumero llamando cajitas a las urnas y ya no tienes crédito como fuerza política que pueda ayudar a que los vascos puedan decidir libremente su futuro algún día.

¿Eres del PNV y no tienes una postura contundente sobre lo que hay que hacer el 1 de octubre en Cataluña? Eres un ejemplo a seguir. Tu moderación y tu flexibilidad es una garantía para que la sociedad alcance consensos entre diferentes. Tender puentes y comprender todas las posturas es una bendición política. Has conseguido un equilibrio perfecto en el que puedes representar el maximalismo y la misión de conseguir la independencia de Euskadi y simultáneamente sostener a un Gobierno que tiene como primera prioridad impedir, incluso con el uso de la fuerza, que algún día puedas alcanzar tu principal objetivo.

La asimetría en el tratamiento y en la valoración de la lógica ambigüedad de ambos partidos ante la convocatoria del referéndum por la independencia de Cataluña no parece que tenga mucha justificación. Sus votantes son muy parecidos en el eje territorial. No tienen una posición compartida ante la desconexión unilateral de Cataluña del resto de España a través de un referéndum sin garantías legales. Más o menos la mitad se posiciona en contra y la otra mitad se posiciona a favor. Sus líderes intentan ser sensibles a las demandas de sus votantes y representar la complejidad de sus distintas preferencias. Pero a unos se les lincha por su ambigüedad y a otros se les bendice y premia.

La calidad de la democracia representativa no solo está relacionada con el control de los políticos, también con el ajuste entre las políticas y las preferencias de la ciudadanía. Y la ambigüedad que existe entre los votantes cuyos partidos ganaron las últimas elecciones vascas y estatales seguramente está relacionada con la falta de garantías, no solo legales, del referéndum catalán. Sus votantes apoyan abrumadoramente el uso del referéndum para introducir la voz de los ciudadanos en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos que más les interesan. Y sobre todo, apoyan profundizar en el autogobierno local y la consulta directa y continua a los ciudadanos sobre las decisiones que les afectan.

Y si son tan entusiastas de la democracia participativa, ¿por qué no apoyan mayoritariamente el referéndum del 1 de octubre? El marco ideal por donde debe transcurrir un proceso participativo de calidad, más allá de la legalidad, es aquel en el que se cuida la neutralidad y la objetividad de la información, se crean las condiciones básicas para la deliberación y se desarrollan mecanismos que limiten en lo posible la desigualdad en la representación. Quizás va más por aquí la ambigüedad. Quizás.

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