La alternativa pasa por el PSE

BRAULIO GÓMEZ

Es posible la alternancia política en Euskadi? Si miramos el reparto de fuerzas existentes hoy en día en el Parlamento y nos fiamos de las fotos recientes que nos ofrecen las encuestas podríamos tener la tentación de decir que no. El PNV sigue siendo la fuerza dominante de la política vasca. No solo no ha sufrido ningún desgaste por la consolidación de su estrecha relación con el Partido Popular de Mariano Rajoy, sino que aumenta su apoyo popular. El voto entre los partidos de izquierda se sigue dividiendo entre EH Bildu, Elkarrekin Podemos y el PSE sin que se hunda ninguno de los tres, lo que favorecería la concentración de voto alrededor de alguno de estos partidos. EH Bildu se consolida como primera fuerza de la oposición en Euskadi, pero la distancia con el PNV sigue siendo oceánica, lo que impide que se visibilice como alternativa real de gobierno para la mayoría de la ciudadanía.

De esta forma, una alternativa política basada en la dimensión territorial, en el eje nacionalista, nos daría un gobierno encabezado por el mismo partido, el PNV. La única fórmula posible que permite pensar en la viabilidad de la alternancia política en el País Vasco pasa por el entendimiento de los partidos más cercanos en la dimensión ideológica, dejando en segundo plano el debate territorial. Solo a través de la suma de las fuerzas de EH Bildu, Elkarrekin Podemos y PSE será posible en el futuro construir una nueva mayoría social que pueda desarrollar unas políticas económicas y sociales diferentes a las actuales. Actualmente, uno de los tres partidos de izquierdas, el PSE, es socio de gobierno del PNV y todavía no existen grandes señales que nos hagan dudar de la solidez de este pacto.

No existen grandes señales. Pero el cambio que se ha producido en la dirección del PSOE puede acabar moviendo el mapa de las alianzas en Euskadi. En las últimas noches electorales vascas se convirtió en una tradición que el PSE explicara sus malos resultados electorales por el efecto arrastre que sufría por la mala salud del Partido Socialista a nivel estatal. La dirección del PSOE ha cambiado de estrategia, no solo en su política de alianzas sino con un nuevo posicionamiento en cuestiones que le acercan más a la izquierda del espectro ideológico. El cuestionamiento del CETA, del techo de gasto, de la política fiscal, de las reformas laborales ajenas y propias le aleja -¿definitivamente?- del modelo social y económico del Partido Popular y le acerca a los partidos que se encuentran a su izquierda. La ciudadanía, según las encuestas, se ha creído este cambio y ha aumentado el apoyo popular al Partido Socialista.

En Euskadi, el PSE de Barakaldo, la cuarta ciudad de Euskadi en tamaño de población, ha roto su acuerdo de estabilidad con el PNV porque las últimas decisiones de la alcaldesa han traspasado «las líneas rojas al poner en peligro la garantía del mantenimiento de servicios públicos de calidad y las condiciones sociolaborales de los trabajadores». Puede que no sea una gran señal, pero también puede ser el principio de un cambio de estrategia que deje en el lado derecho del tablero al PNV y al Partido Popular y en frente a los tres partidos de izquierdas. Sería la evolución natural del PSE, siguiendo su tradicional acomodación a las directrices de la dirección federal, con una estrategia que apostaría más por ayudar a crear una nueva mayoría social en Euskadi que por dar estabilidad al Gobierno más ejemplar, según Mariano Rajoy.

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