Más allá de la brecha salarial

La mesa impulsada por el Parlamento vasco nace con un clima que no augura grandes avances

Más allá de la brecha salarial
EL CORREO

La denominada brecha salarial entre hombres y mujeres requiere, para ser atajada, actuaciones que van mucho más allá del ámbito laboral. Acabar allá donde exista con la desigualdad de salarios en un mismo cargo y puesto de trabajo, desempeñado en idénticas condiciones dentro de una misma empresa, no sólo es una obligación ética, sino una exigencia legal. La persecución de esas prácticas intolerables solo resolverá una parte del problema si no va acompañada de profundos cambios sociales. Si la conciliación familiar para el cuidado de los hijos o de personas mayores no deja de ser una tarea casi exclusivamente femenina, que condena a las mujeres a empleos más precarios y peor pagados que los ocupados por varones. Si no se impone una mentalidad igualitaria que permita romper el techo de cristal, tan tópico como real, que frena su ascenso profesional en pleno siglo XXI. Si la maternidad se mantiene como sinónimo de renuncias personales y laborales, voluntarias o -en la mayoría de los casos- impuestas por un entorno que en nada la favorece. Porque la brecha salarial, la diferencia de más de 7.500 euros en la retribución de los trabajadores y las trabajadoras de Euskadi, tiene orígenes mucho más profundos que los que se perciben a simple vista en una nómina. Ella es solo el resumen de la brecha social que hay detrás. La primera reunión de la mesa formada por el Gobierno vasco y los agentes sociales para negociar un plan de acción con medidas concretas para corregir esta situación no concede demasiado vuelo al optimismo. A las previsibles diferencias entre sindicatos y patronal se une la ausencia de ELA con el torpe argumento de que la iniciativa es un «puro acto de propaganda» a mayor gloria del Gobierno. En realidad se trata de un mandato unánime del Parlamento sobre un asunto de tanto relieve que convierte en injustificable -aunque, por desgracia, no sorprendente- el plantón de la central mayoritaria en Euskadi, al que LAB estudia sumarse en el encuentro programado para el 12 de marzo. Un buen retrato del lamentable estado del diálogo social en Euskadi. No parece realista esperar grandes avances en los seis meses de plazo que tiene la comisión para elaborar su plan. De ellos, destinará veinte días a recibir un informe de Emakunde.

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