La alerta terrorista enreda al Govern

Las víctimas merecen que las autoridades policiales no se enzarcen en una disputa política sino en mejorar la prevención

ELCORREO.COM

La noticia de que los Mossos d’Esquadra recibieron un aviso de que el autodenominado Estado Islámico planeaba actuar este verano en Cataluña, «específicamente en Las Ramblas» de Barcelona, ha encrespado de nuevo los ánimos en las instituciones catalanas, ya de por sí tensionados por la cercanía del 1 de octubre. La referida nota, que contenía «información no corroborada de veracidad desconocida», habría sido remitida por los servicios de espionaje estadounidenses al Centro Nacional de Inteligencia, CNI, a las fuerzas de seguridad del Estado y a los Mossos. La Generalitat tuvo que admitir finalmente que recibió alertas sobre un posible atentado en Las Ramblas, pero que no le dio credibilidad al aviso. Previamente habían desmentido la noticia desde el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en los días posteriores al fatídico atentado, hasta el conseller de Interior, Joaquim Forn, y el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero.

El Gobierno de Puigdemont se equivoca en buscar intenciones ocultas como el desprestigio de la policía catalana en la publicación de la controvertida información. En realidad, lo irritante es la falta de transparencia que rodea el caso desde su mismo inicio. Cuando se produce un ataque terrorista como el de Barcelona, toda la responsabilidad recae sobre sus autores, asesinos indignos de pertenecer al género humano que siegan la vida de personas inocentes para satisfacer su fanatismo. No hay más culpables. Sin embargo, los atentados deben servir para aleccionar a las fuerzas de seguridad. En este caso, el aviso, seguramente lanzado entre otros muchos, no fue de utilidad, y lo que las víctimas merecen ahora no es que las autoridades policiales se enzarcen en una disputa política sino que se averigüe por qué no se pudo impedir el dramático atentado y qué habría que hacer para prevenir los siguientes cuando haya indicios semejantes. Una total transparencia informativa y una plena cooperación entre policías serían sin duda los elementos básicos de una reacción más atinada para prevenir al terrorismo futuro.

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