ajuste de cuentas

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Cada vez que Hacienda devuelve nos viajan del estómago a la garganta las ganas de cantar alabanzas a la madre Diputación como en las excursiones de antaño donde se vitoreaba al señor conductor de primera o ascendían hasta las nubes las bondades de las monjas por sacar un día al alumnado de las aulas. En tales casos conviene retener la euforia y aplicar cubitos de hielo para enfriar la mente. No se trata tanto de la generosidad institucional como de un ajuste cabal de cuentas entre el búnker de la calle Samaniego y sus administrados. O sea, que la foralidad abre su hucha XXL para girar a los contribuyentes la extra que les había cobrado de antemano. Ni antes se negociaban duros a cuatro pesetas y tampoco ahora permiten los poderes públicos que nos quedemos con las vueltas.

Y no digamos nada si se trata de ingresar la pasta pendiente a los autónomos, ese sector laboral al que más parece presumírsele la culpa que la inocencia. Hay casos de declaraciones primaverales que reciben la tela correspondiente cerca de las campanadas de fin de año. Para semejante demora ya acuñó Cospedal una definición ‘ad hoc’, la retribución en diferido, cuando se refería a los emolumentos de Bárcenas. Y claro, los billetes de la ciudadanía que maneja la Administración hasta soltarlos rinden beneficios a ésta y no a sus legítimos propietarios. En fin, así están montadas las normas y mejor será acatarlas que darse a la desobediencia civil.

Comentado todo ello, servidor entiende que a través de los impuestos podemos mantener las coberturas sociales que queremos conservar. Hecha la resta entre ingresos y gastos por el IRPF, a nuestra Hacienda foral le salen los números. Dispone de diez millones de euros más que hace un año y eso siempre significa una buena noticia si gestiona adecuadamente el remanente. Los datos convalidan la recuperación económica, aunque la ‘macro’ muestra mejor cara que la doméstica en demasiados hogares. De los creadores de ‘Historias de la puta mili’ llega a nuestras vidas ‘Secuelas de la puta crisis’.

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