¿Hechos aislados?

¿Hechos aislados?
LUIS EGUILUZ

Es Bilbao una ciudad segura? ¿Podría serlo más? ¿Qué pueden hacer Ayuntamiento y Gobierno vasco por mejorar la protección? ¿Les salen demasiado baratos a los rateros y agresores sus crímenes? A la vista de lo ocurrido el fin de semana en Bilbao, deberíamos hablar de Navidad luctuosa e impactante.

Vaya por delante nuestro pésame a la familia y amigos de Ibon Urrengoetxea, que en la madrugada del sábado 23 fue asaltado y asesinado por dos jóvenes supuestamente que se ensañaron a golpes con él. Hay testigos que ratifican esta versión. A fecha de hoy, los autores del homicidio siguen huidos. Esperamos que pronto sean apresados.

Como miles de bilbaínos, ‘Urren’ se disponía a regresar a casa tras celebrar la típica cena de empresa. Dos desalmados se cruzaron en su camino. Lo que produce más alarma y desasosiego es que es terriblemente sencillo ponerse en situación. ¿Quién no ha subido alguna vez de madrugada desde el Casco Viejo por la calle Navarra para volver a pie a casa o coger el metro, el tren o un taxi?

Pero este no ha sido el único suceso grave: un intento de robo con agresión con una botella rota por parte de un grupo a un joven que salió en defensa de un amigo con resultado de lesiones graves en un ojo; un apuñalamiento en Mazarredo; dos detenidos en Deusto por una pelea y un atropello a dos jóvenes en Bolueta. El conductor se dio a la fuga y uno de los chicos está grave. Es un final de año lamentable en el capítulo de sucesos. No debemos generalizar a partir de hechos contados aunque en esta ocasión casi simultáneos. Eso es lo que ha pedido el alcalde.

Desde luego que no vivimos en una ciudad insegura si nos comparamos con grandes urbes castigadas por la delincuencia. Pero el mismo principio de realidad o de realismo debería aplicarse el alcalde para no dar la espalda a la gravedad de estos sucesos. No son habituales, por supuesto, son excepcionales, pero sí sintomáticos de que la política de seguridad debe mejorarse. Aburto ha perdido, una vez más, una oportunidad de ejercer su liderazgo. Su actitud tras la tragedia ha sido lenta y poco contundente. Es una lástima, pero así lo creo. Desde el PP llevamos tiempo denunciándolo: el alcalde y el PNV suspenden en política de seguridad en Bilbao.

En lo que llevamos de mandato nuestro grupo ha presentado una docena de mociones para mejorar la seguridad. La respuesta de Gobierno y oposición ha sido casi siempre la misma: rechazo y acusación de alarmismo. Luego, eso sí, todos se echan las manos a la cabeza y piden más dispositivos cuando ocurre una desgracia como el último asesinato.

La receta del PP es sencilla: deben mejorarse la vigilancia y aumentar las patrullas en fechas señaladas; incrementar y rejuvenecer la Policía Municipal; perfeccionar su formación y dotarles de medios materiales. Hay que mejorar la coordinación entre cuerpos policiales. Y, para todo ello, hay que convocar y reunir a la Mesa de Seguridad. Pero hay algo más: los vecinos de Bilbao deberían percibir de su Ayuntamiento y su alcalde mayor determinación y un discurso realista, sí, pero contundente para hacer frente a estos hechos y sus culpables. La calificación, como ha hecho Aburto, de «hechos aislados» y volver la cara hacia otro lado no ayudan ni a mejorar la seguridad ni a dar tranquilidad a los vecinos de la villa.

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