Ahorro y pensiones

La evolución de las EPSV aconseja mejorar su fiscalidad y potenciar los planes de empresa para corregir el desplome de las aportaciones

Ahorro y pensiones
EL CORREO

El futuro del sistema público de pensiones genera una lógica inquietud por la sangría que ya arrojan sus cuentas y por los letales efectos adicionales que causará en ellas el envejecimiento de la población. Cuando Mariano Rajoy invita a la ciudadanía a ser previsora, a ahorrar para complementar sus futuras prestaciones de jubilación, admite de forma implícita que el actual modelo no será capaz de asegurar, dentro de unos años, el mismo nivel de vida que ahora.

La obligación de un presidente del Gobierno en este terreno no es tanto lanzar consejos propios de un padre de familia responsable como desarrollar una gestión eficaz que garantice unas pensiones dignas y sostenibles en el tiempo, pese al fuerte viento que azota en contra. Se trata de un reto de extrema complejidad, sí, pero absolutamente prioritario.

Pese a tener las pensiones más altas, Euskadi cuenta con un desarrollo de los planes privados muy superior al del resto de España. El ahorro en estos productos -aquí denominados EPSV- equivale a un 34% del PIB vasco, más del triple de la media nacional. Por lo tanto, el País Vasco está mejor preparado para afrontar las sinuosas curvas que vienen en el sistema público, ante las que es absurdo conducirse con la inacción que atenaza la política nacional o con demagogia populista.

Aún así, la evolución de las EPSV invita a reforzar su atractivo con un mejor tratamiento fiscal y un espaldarazo a los planes de empresa a través de la negociación colectiva. No deja de ser significativa la caída en picado de las aportaciones anuales en la última década, desde el inicio de la crisis, sin que hayan repuntado con la recuperación de la economía. A los lógicos efectos en el sector de la recesión se suma la limitación de las deducciones en el IRPF y la madurez del propio sistema, con miles de titulares recién jubilados y otros a punto de hacerlo que también rescatarán en ese momento su ahorro.

Consecuencia: las EPSV acumulan cinco años en los que el dinero ‘fresco’ que llega a ellas no cubre el retirado, justo cuando más dudas acechan al futuro de las pensiones públicas. Otra consecuencia de los bajos salarios de los empleos que han sustituido a los destruidos durante la recesión y que no dejan el menor resquicio para el ahorro a miles de ciudadanos. La rebaja en las comisiones anunciada por el Gobierno central -que permitirá recuperar la inversión a los diez años, como hace la regulación vasca- de poco servirá si no va acompañada de una mayor concienciación social y una fiscalidad más benigna para el dinero rescatado.

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