Agur Alberto

Vi crecer a Alberto Contador desde que llegó a la ONCE siendo un debutante. He disfrutado con todas sus victorias, con su trayectoria y sobre todo con su forma de correr

IGOR GONZÁLEZ GALDEANO

Cuando charlamos los del mundo del ciclismo sobre el pasado, hablamos muchas veces de épocas. En mi caso, me acuerdo más de la época de Perico, la de Induráin... y ahora cerramos otra. La de los ‘Puritos’, ‘Valverdes’…. y liderada por Alberto Contador. Ciclistas con un gran palmarés y que con sus personalidades han dedicado importantísimos triunfos a sus seguidores y a sus equipos.

Pero en estas líneas no es el momento de centrarme en el conocido y grandísimo palmarés de Alberto. Yo quiero trasladaros al Alberto que conocí, al que he visto crecer desde dentro siendo su compañero y, desde fuera, como aficionado. El Alberto al que he admirado por su capacidad de superación.

La primera vez que oí su nombre fue en 2002 en el Campeonato de España de contrarreloj en Salamanca. Yo me enfundé el maillot de campeón en profesionales y allí me hablaron de un ciclista delgado, de poco peso pero con «mucha clase», que había conseguido la victoria en una crono totalmente llana. Hablaban de que era «una joya».

Nos vino a saludar al hotel, con una cara de niño increíble, y me dio la mano, con la emoción de poder saludar a un ciclista profesional de aquel gran equipo ONCE. Ya estaba entonces en el filial y creo recordar que Manolo Saiz le aseguró ese mismo día que sería ciclista profesional en 2003.

Así fue. Volvimos a coincidir en la concentración de invierno que la ONCE realizaba en El Bosque (Cádiz). Entonces era neo y pasó desapercibido. Al que le tocó ser protagonista por su desparpajo y carácter bromista fue a Purito... La siguiente vez que volvimos a coincidir fue en la carrera de Estella (el hoy Premio Miguel Induráin). Tras una época lesionado, volvía a la competición con la ONCE y le tocó trabajar antes de Etxauri para bajar la diferencia de unos escapados. Cumplió y ese día yo diría que comenzó su andadura hacia lo que ha sido…

En esa época coincidíamos poco porque hacía un calendario diferente al mío, pero en ese segundo calendario empezó a destacar y Manolo Saiz tomó la decisión de llevarle a la Vuelta Alemania (carrera importante para nosotros, ya que Wurth era nuestro segundo patrocinador). Con sólo 21 años Alberto brilló y dio un grandísimo nivel dentro del mejor equipo que podía llevar entonces el ONCE a una carrera. Ya empezaba a destacar por su calidad.

Fue entonces cuando Alberto cogió su sitio dentro del equipo y del pelotón. Manolo apostaba muy fuerte por él. En la carretera nunca se arrugaba, siempre valiente, incluso con sus compañeros veteranos, que veían cómo un corredor joven venía con fuerza a dar el relevo. Empezaba a sacar su personalidad fuera y dentro del pelotón, y no había nada ni nadie que le hiciese dar un paso atrás.

2004 fue un año difícil. Le diagnosticaron un cavernoma congénito tras dos sustos, uno de ellos en la vuelta a Asturias y otro en la Vuelta a Burgos, donde el bueno de Tomas Amezaga (mecánico entonces del Euskaltel Euskadi) le salvó en la bajada de Neila de una situación más grave, tras tener un ataque por esa enfermedad y desplomarse al suelo. Aquellos momentos fueron difíciles en su trayectoria deportiva.

Tras superar afortunadamente la enfermedad, en 2005 comenzó su estreno en el Tour. Manolo Sainz mezclaba habitaciones y a mí me tocó compartir la habitación con él, había muchas preguntas, se habían unido la veteranía con juventud. Y antes y después de cada etapa buscaba dar respuesta a todas sus dudas.

- Igor, ¿se va todos los días así de rápido?

- ¿Cuándo es mejor coger la grupeta?

- ¿Son muy duros los Pirineos?

- ¿Más que los Alpes?

- ¿Dan dorsales todos los días?

Era una esponja, todo lo quería saber y le brillaban los ojos cuando preguntaba. Es allí cuando comenzó su camino de aprendizaje del Tour de Francia y ya se vislumbraba que aquella carrera iba a ser uno de sus grandes retos en el futuro.

Yo abandoné ese año el ciclismo y recuerdo cómo vino a Madrid en mi último día de competición a saludarme y a desearme suerte.

A partir de ahí, solíamos contactar por las redes sociales. Ese mismo año fuimos juntos a Boston invitados por el equipo. Era abierto, accesible y cercano. Los años fueron pasando y cada vez que tenía un éxito, le felicitaba, le enviaba un mensaje, incluso le llamaba. Poco a poco Alberto empezó a crecer, pero su camino se iba llenando de baches; equipos que desaparecían como Liberty, problemas de liderazgo con Lance Armstrong, dudas sobre su recorrido en el ciclismo en torno al dopaje… Todo esto le hizo revelarse y a la vez protegerse.

Cada vez más desconfiado por todos los ataques que sufría se protegió más y más y así cerró su grupo de confianza, creando un escudo difícil de atravesar. Eso nos alejó, ya no respondía a los mensajes, era cada vez más difícil contactar con él, pero en carrera su carácter agresivo y constante le hacían seguir creciendo como ciclista y como persona.

Ya he perdido mi relación con Alberto Contador, pero le tengo un gran respeto. Se ha hecho a sí mismo, en un recorrido plagado de obstáculos, algunos de ellos muy difíciles de superar. Pero ha podido con todo. He disfrutado con todas sus victorias, con su trayectoria y sobre todo con su forma de correr. Esta Vuelta a España ha sido el reflejo de todos los valores que nos ha transmitido en su trayectoria deportiva. Zorionak Alberto!

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