De acuerdo

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

A este tipo de planes les sucede siempre lo mismo. Sus objetivos son tan loables y tan ambiciosos y las cantidades dedicadas a obtenerlos tan importantes -sobre todo porque se suman las correspondientes a varios años-, que resulta inevitable estar de acuerdo con ellos. No hay manera de criticarlos. Cuando se anuncian se hace con cierto estrépito y grandilocuencia. Luego, cuando se cumplen las fechas, se les suele dar lo que en términos taurinos ¡con perdón! se denomina un bajonazo. Bien porque no se han alcanzado los objetivos iniciales o bien porque hay otros temas de mayor de actualidad y preocupación. Pues yo anuncio desde ahora que ni voy a aplaudirle al Gobierno si se cumplen, ni a criticarle si no se alcanzan. Y esta fea actitud no es consecuencia de mi falta de interés en la cuestión, que me parece crucial, sino de mi escasa fe en la capacidad de los gobiernos para influir en ella.

Sin embargo, los que de verdad hacen poco caso a sus propios planes son los gobiernos. Por ejemplo, ¿tiene alguna lógica que se pretenda fomentar el I+D o la internacionalización desde la consejería de industria y, a la vez, eliminar las deducciones en el Impuesto sobre Sociedades por las inversiones realizadas en esos campos como pretende la consejería de Hacienda? Desgraciadamente, sí la tiene, aunque sea un tanto perversa. Los gobiernos, todos los gobiernos y no solo Pablo Iglesias con Amancio Ortega, prefieren cobrar ellos toda la pasta a los contribuyentes, ya sean personas o empresas, para ser ellos después quienes gastan o decidan quien gasta y en qué gasta. Aunque, al final, todo se resuma en un ir y venir desordenado de dinero.

Lo malo es que ese tortuoso camino, del tipo: ‘no te dejo deducirte de los impuestos que me pagas y luego te doy dinero para que hagas lo que ibas a hacer’, consume muchas calorías y adelgaza mucho el dinero empleado. Alimenta la maquinaria administrativa y da poder a quienes la controlan, pero es ineficiente y contraproducente. Así que, aquí queda mi acuerdo con el plan, mi aplauso por los objetivos planteados y mi aquiescencia con los dineros destinados. Pero, por favor, no compliquemos más las cosas, que ya son suficientemente complicadas ellas solas.

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