Acoso inaceptable

Los ertzainas que hostigaron ayer a Urkullu y a miembros de su Gobierno deben dar ejemplo con uniforme y también cuando están tras la pancarta

Acoso inaceptable
EL CORREO

El hostigamiento por parte de cientos de ertzainas al lehendakari y a varios consejeros de su Gobierno sobrepasa los límites aceptables en una movilización laboral. Sobre todo, si sus protagonistas son servidores del orden público que han de velar por la seguridad de los ciudadanos y darles ejemplo tanto cuando van de uniforme como cuando defienden mejoras en su propio puesto de trabajo detrás de una pancarta. Los sindicatos de la Ertzaintza tienen pleno derecho a trasladar a la calle sus legítimas reivindicaciones para presionar al Ejecutivo vasco. Y a hacer oír su voz ante las puertas del Parlamento, como acostumbran desde hace meses, o en otros foros siempre que cumplan con los requisitos exigibles a cualquier manifestante. La imagen de ertzainas de servicio en los accesos a la Cámara de Vitoria interponiéndose entre sus vociferantes compañeros y los miembros del Gobierno vasco a los que increpaban -dos bloques separados por apenas un par de metros- va más allá de lo permisible. Resulta fácil de entender la alta tensión existente en el Cuerpo tras la muerte del agente Inocencio Alonso durante los incidentes entre radicales del Athletic y del Spartak de Moscú hace apenas una semana. Y las críticas de los sindicatos al dispositivo organizado aquel día en el entorno de San Mamés por el Departamento de Seguridad, por el que la consejera Estefanía Beltrán de Heredia habrá de dar explicaciones en el Parlamento vasco. De ahí a acosar a cargos públicos y amenazar con un aluvión de bajas médicas entre el 12 y el 19 de marzo como arma de presión laboral -lo que afectaría al despliegue previsto para el encuentro del día 15 entre el Athletic y el Olympique de Marsella- media un abismo que un mínimo sentido de la responsabilidad debería impedir. También la Inspección de Trabajo en el ejercicio de sus funciones. Están en juego la seguridad de los ciudadanos y el buen uso del dinero de los contribuyentes. Dos bienes que es obligado preservar al margen de que el irrespirable clima laboral que se vive en la Ertzaintza desde hace años revele problemas de fondo podridos por el paso del tiempo y que ya es hora de encauzar.

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