La mirada neorrealista de 'Los inútiles'

Fellini convierte el perfil de cinco jóvenes zánganos de una localidad de la costa adriática en un manual universal de melancolía

Un fotograma de 'Los inútiles'./
Un fotograma de 'Los inútiles'.
GUILLERMO BALBONASantander

Es curioso el dato, por paradójico, pero esta era una de las diez películas favoritas de Stanley Kubrick, según una nómina solicitada al cineasta en los años sesenta. Entre la evocación personal, el retrato sociológico y el embrión de un rictus neorrealista el maestro Fellini convirtió el perfil de cinco jóvenes zánganos de una localidad de la costa adriática en un manual universal de melancolía. El espacio reconocido como un mapa lírico para el cine, la mezcla de personajes entrañables, vitalistas situaciones corales aquí acentuadas en los momentos divertidos y esa atmósfera transparente de su estilizado cine marcan el mundo de 'Los inútiles', premiada en Venecia.

Los vagos provincianos que ven la vida pasar, precedente sin la carga visual de Fellini de 'Amarcord', sirven al cineasta de 'E la nave va' para componer un mosaico humano de trasfondo amargo, agridulce y sentimental, entre el azar y el juego emocional. Picaresca y gamberrada, costumbrismo, comicidad y acidez para envolver la amargura, a veces, y lo periférico, siempre lo humano, sea comprensivo o patético. Hay algo fraternal, cercano y cómplice en su historia. En realidad un ecosistema de afectos, y al tiempo, de adioses, que cruza casi todo su cine.

'Los inútiles' es nostalgia por un tiempo que se va, una despedida provinciana, localista y absolutamente universal. Miserias y patetismo pero también una atmósfera de humor cruel y una mirada agridulce que tan pronto es amargura como honda reflexión. La pandilla zángana que retrata aquí Fellini en su primera película en solitario recorre las entrañas de lo inconsistente, de la fugacidad, de lo banal y lo trascendente. Humor y melancolía, costumbrismo y retrato coral. Los Moraldo, Riccardo, Leopoldo, Fausto y Alberto ( entre ellos Alberto Sordi y Riccardo, el hermano de Fellini), a orillas del Adriático, retozan como holgazanes mientras la mirada neorrealista se extiende como un manto creando un magma de desazón, placer y distanciamiento.

Con Nino Rota de fondo, como banda sonora existencial del cineasta y su retrato, desbroza esa vida de provincias a través de una mezcla de nostalgia y amargura. 'Peterpanes' vistos por ese niño grande que era Fellini entre lo pintoresco y lo crítico con las secuelas de la guerra como paisaje semiolvidado, la miseria, las señales de esperanza, la vida en fuga... hasta ese final magistral entre el adiós y la evocación. El cineasta de 'Luces de variedades' y 'Las noches de Cabiria' disecciona la sociedad de su tiempo con una mirada tan entrañable como implacable que atraviesa esa Italia de los 50 entre la reconstrucción y la indolencia, las pérdidas y un futuro que se va imponiendo poco a poco. 'I vitelloni'título original que hace referencia a los terneros aún aferrados a la madre, pero que ya provocan problemas, es también un término con el que se denomina a los jóvenes burgueses de esas localidades balnearias y a los ociosos que se dejan llevar por los largos y calurosos veranos.

Pero Fellini va más allá y tras esa obra incomprendida que es 'El jeque blanco', se interesa por esa camada endógena donde se enquista el cuerpo y el alma. Un retrato de sombras errantes, de frustraciones y complejos, de miradas sin porvenir. El cineasta de 'La dolce vita' transparenta ese aire cansino de vivir y, a su vez, una mirada entre la evocación, lo pasajero y lo perdido. Comedia y drama se combinan en ese aliento felliniano inconfundible donde lo grotesco, lo patético, el amor por la vida y el sustrato dramático se funden con extraña naturalidad. Melancolía frente al océano, huida existencial, 'Los inútiles' es un poema cómico amargo donde el Fellini que vendría después, ensalzado, desnudo y total en 'Amarcord', genera un territorio acotado en el que todo dialoga con sutil encanto y seducción. El travelling de la estación o la escena del grupo protagonista en el embarcadero frente al mar revelan esa frontera disusa entre ensoñación y realidad que alimentó la luz de uno de los cineastas con mayor personalidad visual.