Las setas luchan contra la sequía y otros peligros

El monte de Bozoó vive su primera temporada regulado. /Ó. C.
El monte de Bozoó vive su primera temporada regulado. / Ó. C.

La ausencia de lluvias marcan las XXXIVJornadas Micológicas, que se resentirán en cuanto a especies aunque se mantendrá el espíritu

ÓSCAR CASADO

Sequía. Palabra definida por la Real Academia de la Lengua como: «Tiempo seco de larga duración». Este es un concepto que está marcando toda relación con el medio natural, y como no podía ser de otra manera, la micología lo sufre en primera persona, como el peor de sus males, aunque tampoco es el único. Esta es la sensación en un mundillo que guarda una estrecha relación con la naturaleza, y por eso al llegar el mes de septiembre, especialmente aunque también en otras épocas, empieza a mirar al cielo para ver si la lluvia puede regar los montes en los que salir a disfrutar y coger alguna seta.

Pero este año, las precipitaciones han llegado como pocas veces a cuentagotas, por lo que el estado de los bosques en los que poder escaparse no es ni mucho menos el mejor. Así lo explica el presidente de la Asociación Micológica Mirandesa, Emilio García, quien no duda en afirmar que «he tenido años muy difíciles pero creo que como este ninguno».

Una afirmación rotunda que da una muestra de la difícil situación que se vive en la actualidad, porque en este 2017, estas jornadas cumplen la edición número 34. Un bagaje que da una autoridad a García, quien reconoce que «el año pasado también fue malo». Una percepción que no es casual debido a la sequía «de más de 500 días», apunta el presidente de la micológica. Y sin agua poco o nada se puede hacer.

Pero en esta situación, también se puede sacar alguna parte positiva, aunque pocas, porque con la falta de humedad en los montes, la mente tiene que trabajar y explorar nuevos parajes en los que dar con ese ejemplar y poder mostrarlo en la exposición. Precisamente esta es una de las actividades más vistosas de estas jornadas, un momento en el que poder aprender viendo las setas, que se celebrará en la Fábrica de Tornillos hoy y mañana desde las 11.00 horas hasta las 14.30.

Para que se pudieran llevar, los ejemplares se han tenido que conservar en los días previos y antes han tenido que pasar horas en el monte, escudriñando cada rincón en busca de los tesoros que esconde. Alguno se ha encontrado, explica García que añade que «cuando hay mucha cantidad apenas te mueves». Una situación muy diferente a la que se ha vivido en esta temporada lo que ha dado para conocer robledales o pinares en los que la micológica ha puesto sus pies por primera vez.

Al margen de las dificultades que se han podido encontrar para poder formar una exposición digna, García lamenta un mal que pude ser todavía peor para esta afición. «Lo que menos me preocupa es la cantidad de setas, lo peor es que vamos perdiendo poco a poco el interés por ellas», lamenta el presidente de la micológica. Además, añade unas de las pinceladas de la filosofía de estas jornadas, ya que en esta afición siempre queda algo por saber, por conocer, por lo que interesarse. Algo que choca con la sensación de que «creemos que lo sabemos todo y eso es muy difícil», advierte García, como uno de los objetivos que se persiguen.

Contra eso luchan desde la asociación, a pesar de que en los montes cada vez hay más coches que aparcan para poder llenar la cesta. Una ola de aficionados que tienen en mente sobre todo al boletus, aunque «no todos son edulis», remarca García, quien advierte de los riesgos que se pueden correr si no se conoce, porque como se puede leer en uno de los cuadros que cuelgan de la sociedad: «Todas las setas son comestibles, alguna solo una vez». En esta línea, García señala a que «los últimos envenenamientos que se están dando en España se dan contra el boletus».

Regulación

El monte más cercano a la ciudad, el de San Juan del Monte, no cuenta con regulación, aunque los aficionados mirandeses ponen en muchas ocasiones su punto de interés en zonas como «Villafría o Nogrado, aunque últimamente nos están poniendo trabas», denuncia García. Unos problemas que tienen que ver con la regulación en la recolección, aunque para los estudiosos, para los amantes de la micología, tan solo suponen más piedras en el camino. En este sentido, el presidente de la asociación apunta a que lleva casi cincuenta años dedicados a este fin y ahora «no puedo entrar al monte sino es pagando», denuncia, para solicitar que se facilite su labor.

Esto no quiere decir que García se muestre en contra de toda regulación, aunque advierte que «si quieres controlar el monte, me parece muy bien pero los guardas los pagas tú». Una idea en voz alta que se expresa como una manera de controlar pero también de generar puestos de trabajo en el medio rural. Aunque para que todo eso se pueda dar tiene que llover.

Regulación en Bozoó

En los montes del entorno de la ciudad, y dentro de la provincia de Burgos, el primer ayuntamiento que ha establecido un coto micológico, como una manera de regular la actividad, es el de Bozoó. Una medida en la que se establece un precio para poder ir a por setas, así como una limitación en cuanto a las cantidades que se pueden recolectar por persona y día.

De esta manera, los interesados pueden conseguir el pase en el propio ayuntamiento o en el bar del pueblo. Además, el permiso se solicita de manera anual, diaria, por un par de días o para una semana. Los precios van desde los tres euros que tienen que pagar los locales y las personas vinculadas al pueblo, hasta los sesenta que pagan los foráneos por el permiso para todo un año.

Este es el resumen de la medida que el propio alcalde, Javier Abad, explica se tomó por una cuestión de conservación y lejos del afán recaudatorio. De hecho, en el reglamento se deja fuera la posibilidad de conseguir un permiso con poder de comercializar con las especies que se recolecten, algo que sí que se da en otros lugares y que tiene un mayor coste.

En este sentido, Abad recalca que la medida se puso en primer lugar para protegerse ante la presión que recibía el monte. «Aquí venía gente que abusaba», explica el alcalde, que añade que la medida se aprobó para tener una base legal a la hora de evitar la entrada de grupos de personas que esquilman el monte.

Por estos motivos, Abad apunta que se han tratado de poner unas cuotas mínimas para «atraer» al mayor número de personas, aunque siempre con la idea de la conservación presente.

Primer año

La regulación se aprobó en el Boletín provincial en enero de 2017 por lo que este es el primer año en el que se ha implantado. Las circunstancias de ausencia de lluvias, han producido que las setas no hayan salido, por lo que por parte de Abad se indica que es difícil valorar el impacto que puede tener debido a esta circunstancia.

«No ha habido setas», se recalca por su parte, y en la época primaveral con los perretxicos como la estrella, sí que se vendió algún pase, aunque en ese momento la presión es menor.

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