Un servicio de apoyo imprescindible

En estos momentos acuden al servicio 37 menores./Avelino Gómez
En estos momentos acuden al servicio 37 menores. / Avelino Gómez

Atención Temprana lleva 30 años facilitando sesiones de estimulación, logopedia y fisioterapia a cientos de menores

MARÍA ÁNGELES CRESPO

Con una trabajadora y siete niños, así es como se puso en marcha el servicio en 1988, un tiempo en el que se hizo presente en Miranda con otra denominación. Por aquel entonces el que hoy se conoce como de Atención Temprana, se puso en marcha como de Estimulación Precoz.

Y esa no es la única variación puesto que tres décadas después el número de beneficiarios se ha multiplicado y el número de casos que se atienden vienen a ser entre treinta y cinco y cuarenta cada año. Ahora, treinta años después, se encargan de trabajar con los niños y niñas tres trabajadoras. La psicóloga Olivia Arín fue la encargada de abrir las puertas en 1988 y hoy es la responsable del Servicio de Atención Temprana. Y con ella están la fisioterapeuta Miriam López y la psicomotricista Cristina Ferrero.

Cambios también se han producido en esta andadura en lo que respecta a quienes son los beneficiarios puesto que cuando se instauró este servicio municipal los usuarios podían ser los niños y niñas hasta los seis años mientras que en estos momentos la edad se ha rebajado hasta los tres, que es cuando comienza la escolarización puesto que «se supone que ahora ya pueden recibir apoyo en los centros escolares». Bien es verdad que como no es obligatoria hasta los seis «también pueden seguir viniendo hasta los seis aquellos que no lo estén», apunta Olivia Arín.

En el servicio de Atención Temprana se han atendido, desde su inicio, cerca de un millar de casos, aunque no todos los que se consultaron acabaron necesariamente «en que los niños vinieran aquí; en algunas ocasiones las inquietudes de los padres se han resueltos con orientaciones».

En estos momentos están acudiendo a las instalaciones de la calle Comuneros un total de 37 niños entre estimulación, fisioterapia y logopedia, «algunos de ellos compaginan dos tratamientos y otros tienen sólo uno».

Los usuarios que pasan por Atención Temprana precisan del apoyo que allí se les presta por patologías de la índole más diversa y en todos los casos «lo fundamental es que a los pequeños se les diagnostique cuanto antes para que de ese modo se pueda empezar a trabajar con ellos en el momento más idóneo, desde el principio».

Para eso están las profesionales que se encargan de supervisar las sesiones y constatar la evolución de los casos –para eso se hace un seguimiento de todos y cada uno de los usuarios–, pero también es preciso, dice Arín, que haya una implicación de todos, la familia y los centros escolares. «Es un trabajo conjunto».

De hecho, en estos momentos en Atención Temprana se busca «que sea la familia la que esté involucrada en primer plano y que los profesionales seamos los acompañantes de esas necesidades, y nosotras estamos realizando cursos de nueva formación».

Formas de acceso

El servicio está abierto a todos los niños que precisen apoyo y llegan por diferentes vías. Hay muchas familias que acuden «ante cualquier signo de alarma. Si los perciben, vienen y nos consultan». También hay casos que llegan derivados a través de los pediatras «que nos envían a niños que consideran que podían beneficiarse de un apoyo». También es habitual que les lleguen avisos desde las escuelas infantiles. «Nos comentan lo que aprecian, nosotras vamos y vemos allí a los niños y si lo consideramos necesario les decimos que le comenten a las familias que vengan con el niño».

Recuerda la responsable del servicio que todas las sesiones de fisioterapia, logopedia y atención temprana «son sin coste alguno para las familias», y que si cualquiera de ellas tiene alguna duda sobre si sus hijos pueden o no ser beneficiarios «que no duden en acercarse, aquí les atenderemos y valoraremos cada caso de modo pormenorizado».

El trabajo con los más pequeños es constante en la instalación y Olivia Arín está ahora acompañada por otras dos trabajadoras y apunta que «con mucho orgullo tengo que decir que cuento con dos personas diez, como personas y como profesionales. Lo digo yo y podría sonar subjetivo, pero también se percibe en las familias, que me transmiten su satisfacción por el modo en el que tratan a sus hijos. El servicio está bien valorado por los usuarios».

Entiende ella como responsable del servicio que en estos momentos las necesidades están bien cubiertas con el personal que existe, aunque reconoce que hay algunas épocas del año en el que el trabajo se multiplica. «Hay picos. En septiembre se nos van muchos porque llega el momento de la escolarización pero poco después el número se vuelve a disparar».

Con orgullo también manifiesta que con los años se ha establecido una relación muy especial entre los usuarios y el centro. «Las familias saben que para nosotros lo importante de verdad es el menor, y una vez que vienen no sueltan el cordón». Es una satisfacción que hace que se siga trabajando con el mismo entusiasmo que hace treinta años.

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