Dos ruedas que dan para mucho

La concentración inició su ruta desde el parque Antonio Cabezón.
La concentración inició su ruta desde el parque Antonio Cabezón. / Avelino Gómez

La XV Concentración Motera, organizada por Amigos de la Harley de Mirada de Ebro, se celebra con la presencia de casi 200 vehículos, con el negro como protagonista y sin que faltara el buen ambiente típico de este tipo de citas en las que el compañerismo se deja notar

ÓSCAR CASADO

Los chalecos de cuero llenos de parches, los cascos y las botas altas se dejaron ver, pero sobre todo sentir, ayer por las calles de la ciudad pese al calor de agosto. El motivo de toda esta mezcla no era otro que la XV Concentración Motera, organizada por los Amigos de la Harley de Miranda de Ebro, en la que no faltó el rugir de los motores de las casi 200 motos que se apuntaron a vivir su pasión por las dos ruedas.

La jornada se ha convertido en un clásico para los amantes de estos vehículos, en especial de las Custom, que tienen en la Harley su gran emblema. Como suele ser habitual, la cita contó con presencia de aficionados llegados desde puntos cercanos como País Vasco, La Rioja, Burgos o Aragón. Uno de los promotores y portavoz de la asociación, Serafín Rial, se mostró satisfecho por el número que habían sido capaces de congregar. «Para la ruta estaremos unos 165», resaltó, aunque finalmente fueron algunos más los que se sumaron para realizar, al menos, parte del el recorrido. Una cifra que fue menor para la comida que se celebró ya que «teníamos completo el aforo del restaurante que son 125, y no podemos meter a más gente».

En cualquier caso la satisfacción reinaba en el ambiente, al ser además un numero «bastante estable». Un dato que no deja de ser positivo, en unas fechas en las que todavía hay gente que se encuentra de vacaciones. Además Rial explicó que se encuentran con el problema del aforo del comedor, por lo que las dimensiones se mantendrán a no ser que decidan realizar alguna modificación. «Somos los de siempre, todos amigos», resaltó Rial, que confesó que había algunos fijos que se habían caído de la lista en el último momento por motivos laborales.

Uno de los momento más espectaculares es la ruta que realizan, para poder disfrutar de la carretera y de sus motos. A este respecto la idea era hacer un recorrido corto, teniendo en cuenta a la gente de fuera «que viene cargada de kilómetros», advirtió Rial, quien indicó que en esta XV edición los que acudieron de más lejos llegaron desde Sabiñánigo, en la provincia de Huesca.

De tal forma realizaron un pasacalles, para luego salir del casco urbano «en dirección Ameyugo, allí giramos para Santa Gadea del Cid, Puentelarrá, Comunión y hasta Rivabellosa donde hacemos el almuerzo», detalló el portavoz, para continuar imaginando el camino «por Ribaguda, hasta Ircio y por la Ronda del Ferrocarril otra vez hasta la estación de Renfe».

Para que durante este tránsito todo funcionara bien, también estaban presentes los chalecos naranjas (por debajo llevaban su equipación motera) de la organización. Éste era el caso de Alberto y Lucía que eran lo que se denomina «cortadores». «Echamos una mano para evitar que haya incidentes. Cortar y regular un poco el tráfico», explicaban, aunque a ellos también les dio tiempo a disfrutar con sus motos y del ambiente que se vivió.

Y es que si la concentración se define por algo es por la buena sintonía y el compañerismo que se genera. Esto era algo que se señalaba por los aficionados que vinieron de fuera y que en muchas ocasiones repetían, como era el caso de Amadeo que acudió con su Harley desde Pamplona. Como explicó suele asistir a este tipo de eventos, aunque señaló que en esta «hay muy buena gente y grandes amigos, lo que hace que sea muy familiar». De hecho este es el «tercer o cuarto año que viene» lo que sirve de garantía para dar por cierto lo que transmite, con su chaleco lleno de parches. Eso sí, al ser preguntado por su compañera de viaje, una Harley Davidson, fue claro al señalar que «esa moto es la moto de los moteros. Lo demás son imitaciones».

De algo más cerca llegó Jesús perteneciente a los Legionarios de La Rioja. Para él era su segundo ocasión consecutivo y también destacaba el «buen ambiente». No obstante, él es uno de los amantes por las dos ruedas a los que les ha costado dar el paso ya que indicó que «a mí me ha pillado tarde porque realmente llevó dos años, aunque desde chaval me han tirado este tipo de motos».

Desde Logroño, y con el anagrama del mismo club que Jesús, llegó Mari, que se conformaba con ir sentada en el asiento trasero. A pesar de no conducir, destacaba que era un mundillo que le encantaba. Con diez años dentro de él, confesaba que se van viendo más mujeres que se meten en la estética «con moto o acompañando», entre otros motivos por lo que ella definía como una pasión, como «una emoción, en la que te lo pasas muy bien y conoces a muchas personas».

Unidos

No es la única concentración que se hace, de hecho esta tradición siempre ha estado presente en Miranda, con mayor o menor fuerza. La de ayer tiene como principal emblema las Custom, a las que «se le tiene cariño desde niño y yo que he conducido otras no tienen nada que ver con otra», confesó Rial, que pese a tener clara esta preferencia por los cromados de las Harley, sí que se muestra partidario de poder realizar una única quedada, que tuviera mayor poder de convocatoria.

«Yo creo que hay sitio para todos», explicó Rial, refiriéndose a las iniciativas de este tipo, aunque no escondió que él era partidario de poder hacer una conjunta. Algo que «sería bueno», opinó, aunque apuntó a que para poder realizarlo tendría que existir una unión que de momento parece que no está presente.

En cualquier caso, ayer este no fue el tema principal, ya que buen ambiente y la camaradería es lo que se dejó notar, al igual que el rugir de los motores de las Custom por las calles de la ciudad.

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