Del palet al salón

El resultado es espectacular y quienes se acerquen al pabellón pueden verlo. / Avelino Gómez

Ocho jóvenes, siete chicos y una chica, consiguen con su trabajo devolver la utilidad a este material, y aprenden todos los entresijos de la carpintería

MARÍA ÁNGELES CRESPO

En el momento en el que alguien accede al pabellón que Cáritas tiene en el polígono de Bayas, el número 3 de la calle Bardauri número 78, lo primero que se percibe –al margen del ajetreo incesante de lo que podría ser cualquier taller–, es el olor a madera, sí. Y es eso lo que ocurre porque es en este espacio concreto en el que la ONG prepara para la vida laboral a chicos y chicas de entre 16 y 34 años a través del desarrollo del programa Ligno, enmarcado dentro del más genérico Itera.

Son actualmente ocho los que seleccionan, limpian, cortan, montan, lijan y barnizan (entre otras cosas), los palets que llegan a sus manos como material desechado por las empresas después de que ya han recogido el material que le llegó en ellos, para acabar convirtiéndolo en los artículos de uso o adorno más insospechados.

Después del trabajo en equipo, repartido según las capacidades de unos y otros, al final y en el mismo pabellón se puede apreciar el resultado en lo que podría denominarse una exposición. Allí se ven mesas, sillas, jardineras o estanterías; mobiliario en definitiva que podría tener su hueco en cualquier domicilio.

Y también se pueden apreciar vallas de distintos tamaños, como las que circundan o circundarán los huertos de seis centros escolares de la ciudad, el Instituto Fray Pedro de Urbina, y los colegios de Los Ángeles, Cervantes, Príncipe, Anduva y Sagrados Corazones.

El Programa Ligno (madera), que es así como se denomina este curso se enmarca dentro de otro más amplio, el Itera, se ha podido poner en marcha gracias «a la subvención que nos llegó a través del consejo social», recuerda la técnica de acompañamiento que supervisa los progresos de los chavales, Elena Escudero.

El objetivo inicial es que hasta el próximo mes de septiembre, que es cuando acabará «aunque como siempre que nosotros nos planteamos una actividad de estas característica lo hacemos con vocación de continuidad», puedan beneficiarse de las enseñanzas del curso teórico-práctico veinte personas. Ahora mismo son ocho los alumnos, siete chicos y una chica de entre 16 y 29 años los que día a día acuden hasta el pabellón.

La mayoría de los participantes son personas que por diversas circunstancias abandonaron en su momento los estudios «y se encuentran ahora con dificultades para acceder al mercado laboral». Recuperarlos para ese camino y conseguir también «que se ilusionen viendo que si en unas cosas no les ha ido bien, pueden ser capaces de tirar para adelante en otras, como es en el caso de este oficio de la carpintería. Que son capaces y que tienen futuro. Y se les estimula, además, con una pequeña compensación económica», argumenta Escudero que indica también que «ya ha habido algunos de los alumnos que han encontrado un trabajo; algo que estimula a quienes ahora están aquí».

Hábitos de trabajo

Siempre que hay aprendices tiene que haber alguien que les guíe en su camino para que, si es posible, en el futuro el alumno supere al maestro. De eso se ocupa José Manuel González; el carpintero que dedica sus horas a enseñar a los chavales todos los secretos de este trabajo.

«Lo primero que hay que hacer antes de adentrarnos en conseguir tener un producto acabado es en hacer que todos los que vienen adquieran hábitos de trabajo, individual y de grupo, que es lo que no tienen. Después ya nos metemos en enseñar lo que es el manejo de las herramientas y los utensilios necesarios para que saquen el máximo rendimiento de los palets que nos llegan».

En este sentido apunta el profesor que estudian bien todos y cada uno de ellos para ver «para qué pueden servir. Los hay más o menos resistentes y, en función de eso y la creatividad que podamos tener entre todos, acabamos haciendo lo que la propia madera pide. Las posibilidades son infinitas».

Los alumnos acuden al taller cuatro horas cada día y la mayoría del tiempo la pasan moldeando la madera, pero también hay momentos en los que dejan el espacio cerrado para hacer que su obra final quede colocada en el lugar idóneo. Ellos se están encargando también de que el vallado que están construyendo para los distintos huertos de los colegios perimetre esos espacios.

La primera ocasión en la que los mirandeses pudieron apreciar el trabajo que hacen los participantes en el programa Ligno fue en la pasada festividad del Corpus. Ese día Cáritas salió a la calle con los productos de sus diferentes programas, del huerto solidario, el de reciclaje de ropa y el Ligno «y lo cierto es que nos vino muy bien porque allí mostramos mobiliario y la gente vio que podrían adquirirlo. De hecho ha habido ya quien se ha interesado, particulares y propietarios de bares que nos han hecho algún encargo», reconoce Elena Escudero.

Quienes tengan la intención de saber si alguno de los trabajos podría tener cabida en si domicilio no tiene más que acercarse hasta el propio pabellón o entrar en su blog www.proyecto ligno.org. También pueden recabar la información que consideren necesaria contactando a través de los teléfonos 947 33 18 76 ó 608 29 51 17.

Todos los alumnos ponen una gran dosis de esfuerzo e ilusión para conseguir formarse y encontrar una salida profesional haciendo que un material que hasta ahora se dejaba arrinconado recobre vida y utilidad. Apunta José Manuel González que «nos está viniendo bien la nueva cultura del reciclaje. La madera tiene vida y muchísimos usos y es muy positivo que la gente esté comenzando a darse cuenta de eso. Los chicos están poniendo todo su empeño», zanjó.

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