31 nuevos usuarios llamaron en 2017 a las puertas de Boreal, que atiende a 72 adictos

La Trabajadora Social, Alba Camarero, y la Educadora, Mónica Gutiérrez, atienden a los usuarios./Avelino Gómez
La Trabajadora Social, Alba Camarero, y la Educadora, Mónica Gutiérrez, atienden a los usuarios. / Avelino Gómez

La edad media de los recién incorporados ronda la treintena y la mayoría presenta problemas por el consumo de cocaína

CRISTINA ORTIZ

Han sido más y más jóvenes. Un dato que no tiene por qué tener una lectura negativa ligada a un aumento del consumo. Más bien es una realidad que se vincula preferentemente con la aceptación de que se tiene un problema y que superarlo es más fácil si se cuenta con ayuda especializada, ya sea en Miranda, a través de los apoyos y programas que desde hace tres décadas lleva a cabo en la ciudad Boreal, o de otros recursos a los que se puede derivar a quienes buscan dejar atrás determinados consumos.

Y es que el año pasado, llamaron por primera vez a las puertas de la asociación de lucha contra la drogodependencia un total de 31 personas, un número que marca un incremento del 30% sobre la estadística anterior, ya que en 2016 el listado de recién llegados se cerró con 22. Nueve menos que en el balance del recién cerrado ejercicio, en el que además figuran 4 menores de 18 años. Un grupo éste último que se acercó a Boreal por los consumos derivados, fundamentalmente, del cannabis o THC –aunque su uso no suele ser exclusivo y va aparejado a otras sustancias adictivas– y que fue derivado, por su edad, a Servicios Sociales, aunque desde el colectivo sí se llevó a cabo un trabajo inicial con las familias.

«Como a menores no atendemos, aquí recogemos el caso, mandamos la información a la técnica municipal de drogas y a Proyecto Hombre, que tiene en la ciudad una iniciativa específica para menores», explicó Mónica Gutiérrez, Educadora Social de la asociación.

El resto de los que acudieron en busca de ayuda fueron adultos que comparten también mayoritariamente la sustancia de la que dependen: cocaína; aunque suelen ser «policonsumidores», combinando esa droga principal con el alcohol o los porros. «No suele haber un único consumo». Otro rasgo común se centra en el hecho de ser algo más jóvenes que en otros ejercicios, lo que ha contribuido a bajar algo su media, que estaría rondando la treintena; algo que se ve como «positivo» por Boreal, porque «cuanto antes vengan por la asociación en busca de ayuda, mejor; antes actuamos».

Es gente joven pero que cuando acude a la asociación por primera vez ya «lleva bastantes años consumiendo». Algo que resulta lógico para las especialistas que atienden a diario estas situaciones. Y es que cuando alguien empieza a usar esas sustancias, evidentemente, no espera tener un problema; pero cuando la situación comienza a ser más conflictiva, toca asumirlo e intentar dejarlo por uno mismo, pero recaen, lo vuelve a intentar... Todo ese proceso suele ser largo, por lo que encontramos a gente que lleva años de consumo», explicó Gutiérrez.

También comparten el hecho de ser mayoritariamente varones. Entre los nuevos usuarios incorporados a Boreal en 2017, un total de 25 han sido hombres y 6 mujeres. Reparto que es el opuesto cuando se trata de analizar el perfil de los familiares que se presentan acompañando a los adictos y que buscan también el apoyo de la asociación para entender lo que está pasando, asumir el problema y saber cómo hacer frente al proceso de recuperación. De las 36 personas del entorno de los consumidores con los que trabajaron, 28 fueron mujeres y 8, hombres.

Pero fueron bastantes más las personas que acudieron a lo largo del año a las dependencias de Boreal; donde, teniendo en cuenta aquellos usuarios que se mantenían de periodos anteriores, prestaron apoyo a 72 adictos y a 56 familiares. En total, 128, de los que 66 fueron hombres y 62 mujeres. Si ponemos el foco únicamente en quienes acuden con alguna adicción, ellos duplican el número de féminas. 51 frente a 21.

Entre todos ellos también hay consumidores de heroína, pero se trata de personas que se iniciaron hace ya muchos años y que se acercan a la asociación para seguir su tratamiento con metadona. Los ‘nuevos’ han venido derivados de otros centros, no son adictos recientes. Y es que, de momento, en la ciudad no han constatado que se esté produciendo ningún repunte en el uso de esa sustancia, sobre la que algunos estudios como los del Observatorio Europeo de Drogas reconocen una mayor presencia en el continente. «Aquí no lo hemos detectado», apuntó.

Salud y seguridad legal

Quienes en su día consumieron esa sustancia y ahora mantienen a raya su dependencia gracias a la metadona se engloban entre las 34 personas atendida en 2017 en el programa de reducción de daños. Una iniciativa enfocada a acciones para minimizar las conductas que llevan aparejadas un cierto riesgo para la salud, como las enfermedades infecciosas o sexuales, las sobredosis... De ahí que aquí se incluyan también el programa de intercambio de jeringuillas, que no registró ningún movimiento en todo el ejercicio, pero que «seguimos manteniendo»; y el de entrega de preservativos.

El programa también tiene un apartado centrado en marcar pautas educativas y la modificación de patrones en conductas de riesgo, especialmente en afectados por SIDA y hepatitis.

Estas intervenciones se complementan en algunos casos con las incluidas en el servicio de Educación para la Salud, que busca incorporar actitudes y hábitos saludables y por el que pasaron 26 personas (19 hombres y 15 mujeres). Un ámbito en el que se incluye la realización de un seguimiento de la situación sanitaria de cada usuario, manteniendo en los casos que sea preciso una coordinación con médicos de Atención Primaria o especialistas y llegando a «dispensar medicaciones para favorecer una buena adherencia al tratamiento o a hacer un seguimiento de las citas médicas para que no las pierdan», apuntó.

A estos programas se suma el de asesoramiento jurídico que, aunque tienen una menor demanda, en 2017 atendió a una veintena de usuarios (14 hombres y 6 mujeres). Antes acudían más, porque llegaba gente con sanciones administrativas, pero con la nueva modificación legal no pueden hacer el seguimiento, así que se centran, fundamentalmente, en recordar fechas de juicios pendientes y en actuar de manera coordinada con los abogados que representen a los adictos.

También colaboran con los juzgados que, en ocasiones, solicitan que se hagan seguimientos de libertad condicional y «servimos de apoyo al CAD para los controles de tóxicos que se tienen que realizar los usuarios. Dejan aquí las muestras aunque los análisis se realizan en Burgos», apuntó la Educadora Social. Se busca de esta manera facilitar el cumplimiento de los requisitos legales o las prescripciones de tratamiento. En esas gestiones relacionadas con otros recursos de la red asistencial participaron 13 hombres y ninguna mujer.

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