Cuando las nubes son tu único techo

De izquierda a derecha, Patricia Barbero, Laura González, José Manuel Cuartango y Vasilica Simion./ AVELINO GÓMEZ
De izquierda a derecha, Patricia Barbero, Laura González, José Manuel Cuartango y Vasilica Simion. / AVELINO GÓMEZ

Aciturri está a punto de cerrar 2017, un año en el que ha celebrado su 40 aniversario en un buen momento para la compañía. Así lo perciben algunos empleados que cuentan su experiencia

Óscar Casado
ÓSCAR CASADO

Como sucede en las buenas películas, la historia de Aciturri es un relato que engancha desde el principio. Desde 1977. En aquel momento fue cuando se empezaron a poner los cimientos de lo que hoy es, tras 40 años, esta importante compañía mirandesa. En aquel génesis, el guión se escribía en un antiguo gallinero, pero desde ese comienzo hasta finales de este 2017, la historia ha ido creciendo, añadiendo personajes, completando un círculo que hoy abarca a casi 1.500 empleados en varias ciudades.

Entre todos ellos se ubican los cuatro protagonistas de esta historia: José Manuel Cuartango, Laura González, Vasilica Simion y Patricia Barbero. Todos ellos trabajan en Miranda porque este es un punto que nunca ha desaparecido en el relato.

Lo sabe bien el primero de ellos, José Manuel Cuartango, quien lleva media vida en la empresa. Él aporta el testimonio de esos primeros años, en los que estaba junto a diez compañeros tratando de hacer despegar un proyecto que todavía no sabía volar. Hoy sí que lo hace, de hecho se ha labrado un nombre en el competitivo mundo aeronáutico. «Soy el cuarto más veterano», recalca, al tiempo que confiesa que cuando se incorporó en 1986 en el taller había «poca maquinaría». Cuartango pertenece al departamento de Administración y Finanzas y de aquellos inicios relata que la empresa ya estaba «algo informatizada, que en aquellos años era una cosa rara».

Este es un hecho que podía haber pasado desapercibido en la historia, pero con él se demuestra que desde el inicio, Aciturri estaba ligado a la palabra evolución. Una sensación que también se percibe desde la otra cara de la moneda, en este caso, representada en una figura femenina como es la de Laura González. Ella lleva dentro de la familia cinco meses. Es una recién llegada aunque reconoce que «quería entrar desde hacía tiempo porque desde fuera es una empresa que está en un sector muy importante, es puntera y se supera día a día».

Eso es lo que pensaba antes de entrar, pero ahora que está dentro reconoce que la realidad supera la idea con la que cruzó la puerta de entrada. González forma parte del departamento de programas, trabaja en Ircio en la línea de motores y se ocupa, de la mano de producción, de que los nuevos contratos salgan adelante y lo hagan con los plazos marcados. Desde ese puesto ha visto que la compañía continúa «evolucionando» y además el día a día «es muy dinámico», indica.

Pero entre estos dos extremos, por el camino se han ido sumando muchas más personas. Una de ellas es Patricia Barbero, mirandesa que al poco de acabar la carrera se incorporó. Fue en el año 2000, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que lo hacían. En esas fechas también llegó desde Rumanía, Vasilica Simion, quien explica que en España este ha sido su único trabajo, en el que ha encontrado un lugar, «acogedor».

Los dos son una muestra del crecimiento que tuvo Aciturri en esos años. No obstante, el punto de inflexión que señala Cuartango es algo anterior, en concreto a mediados de los noventa cuando recuerda «el primer disparadero al pasar de diez a 35 personas». A partir de ahí, el crecimiento ha sido constante y cuando Simion se incorporó apunta que ya «eran unos cien». Después el despegue fue cogiendo mayor velocidad con «un crecimiento muy acelerado con nuevas metas y proyectos», resalta Simion.

Barbero ha visto todo este proceso desde el departamento de calidad, primero en Berantevilla y después en la sede de la calle Ayuelas, en Aciturri Aeroestructuras. Su camino en la empresa continúa y reconoce que se siente «muy a gusto», dentro de una empresa en la que ha pasado buena parte de su vida.

El futuro

Los 40 años cumplidos seguramente no se hubiesen conseguido de la misma manera sin la vocación innovadora de Aciturri. Por eso, el futuro es algo de lo que ocuparse con nuevos objetivos. El más veterano resalta que «a pesar de tener el listón muy alto» los retos es algo que hay que cumplir para luego renovar, en un sector como el aeronáutico que «es complicado pero no tiene muchos límites».

Una opinión que es similar a la que explica Simion, que resalta que este mundo tiene «mucho potencial y es uno de los pilares del futuro desarrollo». Lo dice además desde el departamento de Ingeniería, y en concreto de la planta de Ircio, donde la empresa «más se mueve», señala. Además con toda la tecnología y la experiencia de estos 40 años defiende que «tenemos una capacidad muy alta para dar solución a los proyectos integrales que reclama el mundo de la aeronáutica».

González, que también trabaja en el proyecto del motor, desea que más pronto que tarde la relevancia de esta parte de la empresa llegue «al nivel en el que está Aciturri en aeroestructuras». Eso es algo que también desea Barbero quien recuerda que «nadie pensaba que pudiéramos llegar a ser fabricantes de motores y ahora lo somos», algo que demuestra el buen estado que vive. Además, para aeroestructuras donde trabaja desea que «nos metamos en nuevos retos, nuevos aviones, quizás a la conquista de nuevos proyectos en el espacio», sueña Barbero, para superar las nubes en las que ahora está Aciturri.

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