Todos tuvieron que mirar hacia arriba

Figuras de tamaños diversos ofrecieron sus bailes en el parque Antonio Machado.
Figuras de tamaños diversos ofrecieron sus bailes en el parque Antonio Machado. / Avelino Gómez

Siete comparsas de gigantes y cabezudos hicieron del de ayer un día de altura en el que no faltó el teatro

MARÍA ÁNGELES CRESPO

Acostumbrados a ver partidos de baloncesto sí, pero estos especiales personajes que nunca faltan en las fiestas lo tendrían aún más fácil que los Gasol y compañía para encestar en las canastas de cualquier cancha; les superan en centímetros.

Su tamaño sorprendía, como es lógico, a los más pequeños, y a todos dejaba asombrados la habilidad de sus portadores. Y lo hacía especialmente cuando acompañados por la música de sus comparsas bailaban sin perder el ritmo ni el equilibrio.

La cita en el Antonio Machado, que es donde después de pasear por las calles de la ciudad, se concentraron, reunió un total de cuarenta figuras. Los anfitriones del encuentro, los gigantes mirandeses fueron los encargados de cerrar el baile, después de que mostraran sus habilidades los llegados desde Zamora, Deusto, Arrasate, Artika, Vitoria y Alcalá de Henares; cada grupo con sus características propias, no faltaron los reyes de la baraja vitorianos o las figuras cervantinas de los madrileños, dos formaciones con cien y ciento veinticinco años respectivamente.

Ellos eran los veteranos y los más noveles los llegados desde la localidad navarra de Artika que trajeron cuatro gigantes alusivos a Chaplin y Cantinflas. Y ellos fueron los que protagonizaron la anécdota. Uno de sus danzantes se cayó antes de iniciar el baile y sus compañeros y el resto de participantes tuvieron que animar al chaval «tiene catorce años y se ha llevado un disgusto terrible. No pasa nada, cosas de estas suceden y lo importante es que él no se ha hecho daño», apuntaba el responsable del grupo, Javier Bozal.

Él lleva ya muchos años bailando en Miranda de Arga y hace tres años llevó la iniciativa a Artika «con gigantes más livianos para que los chavales de entre catorce y dieciséis años comenzaran y pudieran dar el salto».

Pese a ser de los más pequeños, a quienes los llevan sobre sus hombros y los mueven nadie les quita el soportar entre 25 y 35 kilos. Y lo aguantan por afición, que la tenemos nosotros que conocemos este mundo desde dentro, y mucha gente. Por ahí he visto a un chico grabando esta concentración al que vemos en casi todas a la que acudimos».

Para ellos la de ayer era su primera cita en Miranda, una experiencia más «muy positiva», como lo fue también para unos veteranos como los llegados desde Vitoria con los cuatro reyes de la baraja.

Joseba Perea comentaba la gran satisfacción que es para ellos comprobar que «esto llama mucho la atención, sobre todo a los niños, que pese a la tecnología que ahora hay siguen asombrándose. En estas gigantadas se atrae a la gente, nos relacionamos entre nosotros y es una experiencia muy bonita».

Sus figuras eran de las más llamativas por su tamaño; cada uno pesaba alrededor de sesenta kilos y medía casi cuatro metros. Así que es entendible que no sea tarea fácil moverlos. Lo sabe y apunta que el secreto «no es el tener más o menos fuerza, sino equilibrio, conocer bien donde tienen mayor peso, y lo que hay que hacer es ensayar mucho».

Y seguramente lo hicieron porque ellos y el resto de comparsas con sus figuras representativas de las culturas locales o evocadoras de la de todos los continentes (era el caso de los zamoranos), y los ocho de la ciudad, los cuatro reyes, los abuelos y Don Quijote y Sancho, hicieron las delicias del público, de todas las edades, que se concentró en el céntrico parque.

De ahí al teatro

Tras el último bailes de los gigantes quedaba todavía tiempo para que los mirandeses disfrutaran con otros espectáculos. Y lo cierto es que ayer por la mañana no fue necesario realizar grandes caminatas para toparse con otras actividades.

En el mismo parque, ya en la zona aledaña al espacio peatonal de la calle La Estación, y en esa misma céntrica arteria unos metros más abajo se montaron dos escenarios para ver sendas representaciones teatrales y una función de títeres.

No hizo falta demasiada tramoya para atraer en todos los casos a un público preferentemente infantil que estaba dispuesto a pasárselo en grande y participar activamente como protagonistas de las historias que les contaban los actores y actrices.

Aunque algunos se resistieron en principio todos acabaron envueltos en la magia y se sintieron también ellos como indispensables en el desarrollo de las funciones de Woon y Pipo Metal.

Algo más quietos se mantuvieron los que vieron la Caperucita Roja que ofreció con sus marionetas Okarino Trapisonda. Conocían la historia muchos de ellos pero eso no impidió que disfrutaran de ella de principio a fin.

Y fin, fin, no es que hubiera, porque llegada la tarde los gigantes volvieron a participar en un pasacalles que no dejó indiferente a nadie, y también se pudo asistir a una nueva función de teatro de calle. En este caso fue Bam Bam Cabaret.

En definitiva hubo magia y fantasía que en algunos momentos llenó de asombro a todos y los pequeños se fueron con una sonrisa pese a que tenían claro que hoy les va a tocar madrugar porque es día de cole. Eso sí la jornada será corta y por la tarde todos ellos tendrán la oportunidad de disfrutar una jornada más con el parque infantil y el teatro de calle. Aún queda fiesta y a buen seguro que no se la van a perder.

Fotos

Vídeos