La importancia de la respuesta coordinada

Las gradas de Anduva fueron el escenario de una de las prácticas, en las que se simulaba un ataque terrorista./Óscar Casado
Las gradas de Anduva fueron el escenario de una de las prácticas, en las que se simulaba un ataque terrorista. / Óscar Casado

El I Curso de Atención Sanitaria en Atentados Urbanos puso atención a la relación entre los servicios implicados

ÓSCAR CASADO

Un par de terroristas siembran el pánico en Anduva dejando múltiples heridos. Este fue el comienzo en uno de los simulacros desarrollados en el I Curso de Atención Sanitaria en Atentados Urbanos. Cuatro días de formación, que tuvieron su momento más importante en la simulación que se desarrolló en el estadio rojillo en la noche del sábado.

Esta fue la actividad que se planteó para poner en práctica todo lo aprendido, para poder responder en la resolución de cualquier ataque en instalaciones públicas. Un incidente en las gradas de Anduva en el que «se hizo una puesta en común de todo lo aprendido en el curso», explica uno de sus directores, Raúl Artiguez, quien añade que lo que se busca tras neutralizar la amenaza es atender a los heridos intentado: «Ordenar el caos». Una frase simple de decir, pero complicada de aplicar que es lo que se ha tratado de enseñar, algo que se ha realizado con importante trabajo previo.

Además, y como garantía en cuanto a la fórmula, este curso ha estado avalado por la Escuela de Urgencias y Emergencias y el Instituto de Estudios de Ciencias de la Salud de Castilla y León y la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, junto con la colaboración de otros organismos como el Colegio de Médico de Burgos o el Ayuntamiento de la ciudad.

Al margen de todo esto, en la actividad del sábado por la noche se puso sobre la mesa el objetivo principal. El «cómo tenemos que actuar los sanitarios, los policías y los bomberos en un atentado urbano», aclara Artiguez, que continúa explicando que por separado cada uno de los cuerpos que intervienen se preparan. Pero en este curso, se ha hecho hincapié en ese encaje, en saber «donde está la raya en la cual es trabajo tuyo o el mío», define el responsable que resume que se trata de coordinar y bajar las revoluciones para poder trabajar con seguridad.

Al margen de esta práctica, el jueves se llevó a cabo otra, con un ataque dentro de un autobús. Ahí los alumnos aprendieron a «sacar a las víctimas haciendo porteos, en un sitio tan estrecho», recuerda el director, que advierte que siempre se hace especial hincapié en guardar las precauciones por ser «una zona de riesgo». En esa primera jornada también se dieron nociones de cómo realizar torniquetes y otras tácticas para evitar hemorragias.

En la segunda, se crearon tres escenarios diferentes dentro del antiguo colegio Cervantes. «Lo que queremos es trabajar en situación que sean lo más reales posibles», advierte Artiguez, por lo que este tipo de escenarios favorece que los alumnos sean capaces de involucrarse más en la práctica. Lugares con humo, atención de heridos o sanitarios que son sorprendido por personajes armados, escenarios encaminados a poner en marcha una máxima: «Huye, escóndete y ataca».

Demanda

Este ha sido el desarrollo de un curso en el que Artiguez informa que ha estado formado por 33 alumnos, procedentes fundamentalmente de la rama de sanitarios, aunque también han estado presentes miembros de las fuerzas de seguridad del estado. Un demanda que sorprendió a los organizadores, puesto que como confiesa Artiguez, el plazo de inscripciones se tuvo que retrasar por los últimos atentados en Barcelona. A pesar de ello el número se completó en menos de 24 horas lo da una muestra de lo atractivo del curso.

En esta ocasión, el trabajo de formación también se ha traducido en una importante participación de los cuerpos de seguridad del estado, que han estado en primera línea de los talleres y los simulacros. Unos profesionales que han acudido desde los mandos especiales del ejército hasta un miembro de los Mossos d’Esquadra «que estuvo en el último incidente de Barcelona», resalta Artiguez.

Todos ellos se han tenido que adaptar al terrorismo islamista que cuenta con peculiaridades respecto a lo que podía suceder en otro tipo de violencia. «Yo antes trabajaba de escolta privado y la actuación nuestra era un poco caótica, pero más o menos sabíamos a lo que íbamos», resume Artiguez, que detalla que en la actualidad la situación ha cambiado ya que «ahora nos podemos encontrar que una persona vaya con una furgoneta y atropelle, salga, se líe a tiros, luego acuchilla y al final se inmola».

Una complicación que hace que «tengamos que estar preparados para todo». De hecho, el codirector indica que hace años sería impensable hacer un simulacro por ejemplo en el interior de un colegio, aunque ahora «nos hemos dado cuenta de que cualquier cosa puede ocurrir».

Un tipo de terrorismo que de alguna manera se mostró por primera vez en el 11 de septiembre, lo que hizo que Estados Unidos se pusiera a la vanguardia a la hora de manejar este tipo de situaciones. En este primer curso, esta experiencia estuvo presente, ya que ha colaborado el paramédico estadounidense George W. Contreras.

Desde su punto de vista, Artiguez confiesa que cuenta cómo ve cosas positivas y negativas a la hora de comparar la respuesta en ambos países. Por una parte «tienen mucha envidia de nosotros», puesto que destaca que en las ambulancias en España se cuenta con una mayor capacidad de respuesta, ya que se desplaza «un médico, un enfermero y un técnico».

Por contra en EE.UU. «se organizan mejor», reconoce Artiguez. Una respuesta que en parte se puede entender precisamente por la figura de los paramédicos, puesto que poseen con una mayor tradición. Un hecho que hace que «la experiencia de ellos sea incomparable», afirma el codirector de este I Curso.

Una iniciativa que se espera que vuelva a realizarse en el próximo 2018, aunque tras realizar las conclusiones, se tendrán que implementar las mejoras dentro del programa que se ha puesto en marcha por primera vez este año ya que «nosotros escuchamos mucho a los alumnos», zanja Artiguez.

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