A Huertas con la Vida estudiará la rentabilidad económica que dan parcelas de media hectárea

En el campo conviven ahora las plantas de verano con las de la nueva temporada. /Avelino Gómez
En el campo conviven ahora las plantas de verano con las de la nueva temporada. / Avelino Gómez

Cada uno de los cinco productores implicados en el proyecto se ocupará de la producción de un campo de cultivo

CRISTINA ORTIZ

Lechuga, acelgas, berza... son algunas de las variedades de invierno que han empezado ya a plantar en el proyecto de agroecología A Huertas con la Vida. Y lo están haciendo separando por familias la ocupación de tierras, ya que los responsables del proyecto han decidido dar un paso más hacia la conformación de un proyecto autónomo de empleo. De momento, como paso previo, han decidido responsabilizar a cada una de las 5 personas que continúan en el proyecto con los cultivos que salgan de distintas parcelas de media hectárea.

«Lo que se ha hecho es encargar a cada productor una variedad de planta. Todo su terreno lo va a dedicar a una familia concreta este año», explicó Tania Bustos, una de las coordinadoras del proyecto. Es decir, todas los cultivos de hoja se ubicarán en una de las parcelas, en otra todos los de frutos... Pero no todos los años tendrán la misma ubicación las distintas ramas, se irán rotando campos. «Eso es algo importante, creemos que así vamos a ser más efectivos, se va a cuidar más y se va a perder menos producto».

Además, persiguiendo ese mismo objetivo, se ha optado por reducir la variedad de ramas a cultivar. «Hasta ahora habíamos plantado mucho experimental porque al estar inmersos en una fase de formación había que enseñar a los implicados en el proyecto a cultivar de todo», pero llegados a este punto, tras la experiencia adquirida se está optando por adaptar el cultivo a lo que más demande la ciudadanía, que es lo que finalmente va a hacer que el proyecto sea viable económicamente.

El terreno es el mismo en el que han venido trabajando en los últimos tres años, desde que se pusiera en marcha el proyecto, pero delimitando el suelo del que se ocupará cada participante con la idea que de que ellos también puedan hacerse una idea del trabajo que les supondrá y de las posibilidades de vivir de ello. «Es una superficie razonable para empezar a sostenerse», reconoció Bustos.

Por eso cada productor tiene su campo. Si bien, no se va a dar una especialización de cada uno de ellos en la producción de una familia concreta de hortalizas y verduras, ya que aquello que irán cultivando rotará cada temporada. «En agricultura ecológica no conviene que el campo, para su fertilidad, acoja siempre la misma variedad», recalcó.

De momento, para esta temporada van a contar con lechugas y escarolas, puerros, acelgas, berzas, coliflor... También en una de las parcelas esperan producir rabanitos e hinojo, para complementar y dar demanda a determinados ‘caprichos’. Aunque lo cierto es que a estas plantas menos comunes el terreno destinado es mínimo, solo para atender peticiones de algún restaurante o particular. De hecho, en verano han cultivado flores comestibles y se están vendiendo. Hay cierta demanda.

El periodo estival, especialmente por la sequía, ha resultados «duro», con un ingente trabajo por hacer en el campo; aunque positivo, ya que han logrado dar salida a toda la producción.

Definir el futuro

A partir de ahora, además de seguir trabajando el suelo, toca definir la evolución que a futuro tendrá el proyecto y analizar la fórmula más adecuada para que sea viable de cara a garantizar unos ingresos a los trabajadores. «Nuestra intención es hacerlo sostenible, no puede continuar mucho más tiempo colgado de las instituciones al cien por cien. Hay que ver cómo y cuánto tiempo más le damos. La idea es hacerlo el año que viene».

Ese es un tema que abordarán los responsables de Cáritas y del Ayuntamiento en una reunión que mantendrán en las próximas semanas, quienes también deberán definir el plan de intervención que se llevará a cabo con las siguientes promociones que se integren en el programa. «El modelo futuro se tiene que debatir», concluyó.

Al mismo tiempo tocará seguir incidiendo en la promoción y en la captación de ‘clientes’, ya sean hosteleros o comerciantes, o consumidores particulares. La última temporada llegaron a abastecer unas 60 cestas. «Hay que estar constantemente abriendo mercado. La labor comercial no se puede descuidar», zanjó.

De ahí que además de repartir a clientes de Miranda atiendan también las peticiones de grupos de consumo de Vitoria, Pancorbo y Burgos. Importante está resultando también la presencia en el mercadillo semanal, tanto para dejarse ver y acercarse al público como para dar salida a la producción que no venden por otros cauces y que de otra manera se perdería.

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