La Feria de Artesanía pone el foco en los productos y también en el saber hacer

En la mañana del domingo es cita obligada en las fiestas pasar por la Feria de Artesanía en el parque Antonio Cabezón.
En la mañana del domingo es cita obligada en las fiestas pasar por la Feria de Artesanía en el parque Antonio Cabezón. / Avelino Gómez

Más de 30 puestos se instalaron en el parque Antonio Cabezón en esta XXIV edición de una de las iniciativas más consolidadas del programa de fiestas

ÓSCAR CASADO

Son tiempos en los que muchos de los productos del día a día tienen etiquetas que muestran grandes centros de producción, en muchas ocasiones, alejados en el mapa. Pero a pesar de esta tendencia, hay una corriente que trata de mantener una idea contraría, alejada de las grandes cantidades y que intenta subsistir, como es el mundo de la artesanía.

Un sector que tiene en las ferias un punto en el que hacerse visible, en el que mostrar ese cinturón, esos pendientes o una buena cazuela de barro hecha de una manera tradicional y única. En el programa festivo de estas fiestas patronales, esa cita es la Feria de Artesanía que en este 2017 ha cumplido XXVI ediciones, lo que da una muestra de lo asentada que está.

Como es costumbre el lugar escogido fue el parque Antonio Cabezón, donde se colocaron los 31 puestos que finalmente se dejaron ver, pese a las ausencias, y que tuvieron una importante presencia de público por la mañana, con un tiempo en el que el sol se iba y venía. Una circunstancia que dejaba el correspondiente susto en cada una de las casetas.

Como de costumbre, los trabajos que se mostraban tenían variedad, en cuanto a los productos, pero también en las procedencias, porque hubo una muestra de provincias cercanas, y otras vecinas, como Álava, La Rioja, Santander, Valladolid, Zaragoza y Palencia.

Precisamente de esta última, en concreto del pueblo de Villarramiel, llegó Armado Pérez con sus complementos de cuero, algo que «he mamado desde pequeñito». Esta es una de las actividades más comunes en estos eventos, algo que como explicaba «tiene su lado bueno y su lado malo». En el caso de este palentino era la primera vez que se acercaba a la ciudad, aunque sí que es habitual en las ferias.

«Yo soy curtidor de piel, pero en los ratos libres hago estas cosillas con buena materia prima e intentando ajustar un poco los precios», confesaba Pérez, mientras que apuntaba a que hoy en día, «no solo vale con ofrecer buena calidad» sino que también hay que ser competitivos.

Para conseguirlo se esfuerza y explicaba «que yo de momento en este año estoy bastante contento» con la respuesta del público. Además, para destacar trabaja en el mismo puesto, algo que «gusta mucho a la gente» y también sirve como una garantía, porque lamenta que «por desgracia hay compra y venta y género que no es propio».

Un producto diferente era el que se veía en el puesto de encuadernación artesanal de María Gómez, que llegó a la feria desde Arroyo de la Encomienda, en la provincia de Valladolid. Ella era la segunda ocasión en la que venía, con un tipo de producto que encuentra salidas por ejemplo «porque antes las fotografías se imprimían todas, ahora cuando se pasan a papel son especiales y por eso se busca un álbum de calidad», explicaba Gómez, como uno de los argumentos que suele elegir el público para escoger sus productos.

Desde Vitoria llegó ‘El taller de Pitiminí’, donde se podían ver elementos, fundamentalmente para bebés. En él se ponía en valor una de las ventajas que se pueden tener en los productos artesanos como es la personalización de los pedidos. Y es que explicaban que muchas de sus ventas responden a este tipo de perfil, con una etiqueta única, por lo que estas ferias sirven en su caso para «conseguir contactos», porque además es un puesto en el «que se despierta ternura» y eso hace que el público se pare.

Redes sociales

Por este motivo acuden muchos de ellos a las iniciativas a pie de calle, ya que se complementan con el mercado de la artesanía en Internet, que es una ola que cada vez crece más para ellos. Esta faceta, también se ve como un escaparate más en el que mostrarse. En este sentido, el cuero de Armando Pérez también tiene una importante salida con «cuatro o cinco envíos semanales», algo que es importante sobre todo en el invierno, cuando las ferias se reducen.

La presencia local se reduce al mínimo y se piden alternativas

Desde la Agrupación Mirandesa de las Artes, su presidenta Noemí Davia, lamentó que la feria tuviera una imagen «triste», con muchas casetas que se quedaron vacías, y con tan solo una representante de la artesanía de la ciudad.

Un resultado en el que Davia quita, en parte, responsabilidad al Ayuntamiento ya que desde su punto de vista han actuado bien y se han traído «cosas interesantes». No obstante, no puede ocultar que «si de 31 solo hay una persona de Miranda o por parte de los artesanos algo falla o es el Ayuntamiento el que lo hace».

En este sentido, se apunta como una alternativa «realizar una feria de artesanía que sea sólo eso y poner unos puestos demostrativos en los que no se realicen ventas».

Entiende que se evitaría de esta manera que los artesanos tengan que darse de alta como autónomos para participar y por otro lado, favorecer la presencia de los productos locales, sin perjuicio en las ventas de los que sí que paguen las obligadas cuotas.

Otra de las posibilidades que se proponen desde la Agrupación es que se catalogue como mercado solidario para evitar problemas. Un método que Davia apunta que se ha puesto en marcha en algunos barrios y que se podría extender a esta importante cita.

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