Especies a las que cuidar y mimar para conservar

San Juan del Monte, uno de los últimos reductos del águila perdicera en toda la comunidad./Avelino Gómez
San Juan del Monte, uno de los últimos reductos del águila perdicera en toda la comunidad. / Avelino Gómez

Miranda y su entorno cuentan con la presencia del visón europeo y del águila perdicera en la lista de animales en peligro y por eso reciben más atención

ÓSCAR CASADO

Para poder cuidar lo que se tiene en primer lugar hay que conocerlo. Esta premisa se puede aplicar a las especies animales que están riesgo y que encuentran en Miranda y su entorno uno de sus últimos reductos. Una lista en la que por encima del resto se encuentran: el visón europeo y el águila perdicera. Este mamífero y esta rapaz reciben cuidados especiales por parte de la Administración regional. Así lo explica desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos, la jefa de la sección de espacios y especies, Consuelo Temiño.

De estos dos animales, el que tiene una situación más crítica a nivel global es el visón europeo, que se cree que entró de manera natural por Francia a finales del siglo XIX. Una especie que encuentra su hábitat en cursos fluviales, que está al borde de la extinción y que desde «julio de este año se ha considerado en peligro crítico porque sus poblaciones se están reduciendo de forma muy rápida», señala Temiño.

Un nuevo estatus que hace que los focos se fijen todavía más en este mustélido que encuentra en España uno de sus últimos reductos en todo el continente «siendo la población más importante de Europa Occidental». Apesar de ello, se considera que en los ríos nacionales quedan entorno a los 500 ejemplares. Una cifra que se estableció tras los últimos censos oficiales realizados en el 2001 y 2002 pero que se pretenden renovar «al año que viene», resalta Temiño.

En la comunidad, a raíz del proyecto Life, también de los primeros años de los 2000, la presencia que se estimaba en la región llegaba a los «80 ó 90 ejemplares». Una presencia que se circunscribe a Soria y «fundamentalmente a Burgos», se indica, con un eje vertebrador claro como es el rió Ebro. Una condición que hace que Miranda y su entorno se conviertan en un espacio de especial importancia para su salvación.

Al ser una zona que traspasa fronteras regionales, Temiño explica que los trabajos que se acometen están «bastante coordinados», algo que resulta fundamental. Un grupo de territorios bañados por el mismo cauce que «somos muy conscientes de la importancia de tener esta joyita y la responsabilidad para su conservación», confiesa la jefa del servicio.

Para poder mantener las poblaciones, y si es posible aumentarlas, se trata de poner freno a su principal amenaza: el visión americano . Una especie invasora más grande y «con una estrategia reproductora más eficaz», advierte Temiño, cuyo origen está en las granjas peleteras, y que está haciendo retroceder al europeo.

Para lograr el objetivo, Temiño señala que una de las cosas positivas que se extrajo del Life es que se inició un trabajo de «control ininterrumpido del americano, lo que hace que solo en la toda la provincia de Burgos desde el 2002 se hayan capturado más de 3.000 ejemplares». Una cifra que aproximadamente supone el 40% del dato nacional y que refleja la importancia del norte de Burgos, puesto que ahí confluyen varias cuencas hidrográficas, que el visón americano es capaz de cruzar por sí solo.

Debido a esta importancia, y para frenar la expansión del invasor, Temiño resalta que «la intensidad de control es brutal, con 20.000 trampas noche». La mayoría de los visones se extraen en la cuenca del Duero, aunque la del Ebro también se controla con asiduidad. De hecho, del trabajo realizado en esa zona e intensificados a partir de 2008, Temiño explica que se están extrayendo datos nuevos sobre la presencia real del europeo, a la espera del nuevo censo. A partir de esos registros, destacan los afluentes y el Ebro, que se ha llegado a «controlar entero a la vez» en el curso de la provincia, se destaca.

A través de las plataformas de control para capturar los ejemplares, Temiño confiesa que desde 2008 se han hecho «más de 100 capturas de visón europeo, de los cuales 74 son ejemplares distintos». Este es uno de los datos esperanzadores pero además, se indica que el área de Miranda y su entorno es una de las más prometedoras, sobre todo en los afluentes de la margen derecha. Esto en parte también es consecuencia de la labor de otras comunidades aguas abajo, lo que ha hecho que «en la zona de Miranda solo cogemos visones europeos, por lo que está bastante limpia», resume Temiño, quien confiesa que desde septiembre se han registrado cinco ejemplares distintos entre Treviño y Miranda.

La otra joya

La otra especie que recibe una especial atención es el águila perdicera, aunque su situación es diferente. «La población española es la más importante de Europa Occidental, hay unas setecientas parejas, pero fundamentalmente están en Andalucía, Levante y Cataluña», refleja Temiño y en la región su presencia se ha visto «menguada en los últimos años». Un declive inclinado que en la provincia de Burgos se ha dejado notar de manera que «en los años 70 se estimaba que había unas 40 parejas, en los 80 eran 25, en los 90 había 14, en el 2000, 7 y ahora mismo hay dos que compartimos», resalta, puesto que «los nidos están en Burgos, pero vuelan en La Rioja y Álava», apunta la jefa de sección.

Las rapaces están dentro de la Zona de Especial Protección para las Aves de Montes de Miranda Ameyugo. Un área que representa uno de los dos último refugios que hay en toda la región junto a los Arribes del Duero, que ahora es una zona con más potencial en la actualidad. Por lo tanto es una especie que se ha catalogado como «vulnerable a nivel estatal», aunque en la comunidad su estado «es más serio porque está en una situación muy precaria», indica Temiño.

Para mantener las poblaciones se trata de «conocer cuál es su evolución y de favorecer que tengan un nivel más alto de productividad», se aclara, y para ello una de las medidas que se toman es facilitarles alimentación para conseguir que se mantengan en el territorio. Una forma de fijarlas, sobre todo, cuando la pareja se rompe, porque en ese momento se ha comprobado con ejemplares radiomarcados que «se pueden alejar cientos de kilómetros».

Un mecanismo que ha dado muy buen resultado en la zona de Miranda puesto que dio lugar a que «entrara una hembra procedente de un proyecto navarro», señala Temiño, aunque ese ejemplar murió y ahora «permanece un ejemplar solo pero tenemos esperanza».Además, la otra pareja del entorno en 2016 crió por primer vez en varios años y «se pudo radiomarcar el animal que ha sobrevivido y sobrevuela la zona», destaca.

En cuanto a las amenazas, Temiño indica que uno de los motivos del retroceso es la pérdida de hábitat y «tiene mucho que ver con el hombre, pero justo al revés de lo que creemos». Y es que el abandono del medio rural ha hecho que se pierdan espacios abiertos y en determinadas zonas «el paisaje cerrado ha ganado terreno». La especie tiene que soportar además otros inconvenientes, como la reducción de las poblaciones de conejo u otras más humanos como son los tendidos eléctricos.

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