Ebrovisión se vive de noche y también de día

La Habitación Roja fue la sorpresa.
La Habitación Roja fue la sorpresa. / Avelino Gómez

La jornada grande del festival se celebra desde la mañana hasta la madrugada con éxito en las iniciativas y con buena respuesta del público que disfrutó de una programación en la que se trató de unir música y ciudad

ÓSCAR CASADO

No era un sábado más. Era la jornada grande de Ebrovisión, en la que se puso la guinda en este 2017. Un día en el que el público respondió como de costumbre y el festival se hizo protagonista con actividades que ocuparon la mañana, el mediodía, la tarde, la noche y también la madrugada, como no podía ser de otra manera. Una auténtica carrera de fondo en la que se cumplieron nuevas etapas hacia una unión entre ciudad y música.

Para tratar de fortalecer esta relación, y con 17 ediciones a sus espaldas, la programación se completó con buena parte de las actividades al aire libre y de manera gratuita. En las semanas previas se indicó que en torno al 50% de las actividades serían sin coste y con esta mentalidad el festival salió a conquistar la calle.

Iniciativas para los pequeños de la casa, música con variedad de formas, gastronomía y mucho más, para conseguir hacer de la jornada fuerte del festival una auténtica fiesta de día y de noche. Dentro de este gran escenario que es Ebrovision, el telón se abrió por la mañana, con una cita que ya es mucho más que una apuesta, porque es todo una realidad: el Ebropeque. Un momento en el que poder disfrutar en clave familiar y al que no llegan buena parte de los ebrovisivos que han apurado las últimas notas la noche anterior.

En esta nueva edición, con la presencia de unas 150 personas, los encargados de poner la banda sonora con el difícil público fueron los Tiki Phantoms, que luego también repetirían, aunque con otro tipo de asistentes, en la plaza de Santa María por la tarde.

Pero antes de llegar a ese punto, los madrugadores fueron los niños y niñas para los que está pensado el Ebropeque. Aunque eso sí, como se encargaron de decir los artistas invitados, el objetivo no dejaba ser «cansar a los niños» para que luego los padres pudieran disfrutar del resto de la jornada.

Para que se metieran en el papel, desde la organización se puso en marcha un taller rock. En él, los ebrovisivos del futuro se pudieron maquillar, pintar al más estilo Kiss o David Bowie y equiparse con micros o guitarras de cartón, que ellos mismos pudieron decorar. Y la iniciativa tuvo gran aceptación, porque cuando la música de los Tiki Phantoms empezó a sonar, la mayoría estaban totalmente equipados para la ocasión.

Una vez superado el miedo de algunos por las caretas de monos, el grupo arrancó sonrisas, aplausos y saltos. Eso sí, en el espectáculo muchos de los padres y madres tuvieron que formar parte del show. Primero con «el sacrifico», en el que con la ayuda de una colchoneta de playa se alzó a uno de los muchachos que se acercaron. Eso sí, como se indicó, tenía que ser «un niño valiente o con poco miedo».

El protagonismo de los mayores, no solo se quedó en ese momento porque también se terminó haciendo la «tiki conga» con la presencia de los padres e hijos, como una bonita forma de cerrar uno de los momentos en el los que Ebrovisión se convierte en un festival apto para todos los públicos.

Rumbo a la Fábrica

Al terminar de sonar la música en el Ebropeque, la actividad cambió su epicentro para trasladarse a la Fábrica de Tornillos. Allí, desde las 12.30 horas tocaba Cala Vento, aunque la mayoría de los asistentes llegó para comprobar de primera mano quién sería el grupo que se subiría al escenario de la Fábrica de Tornillos, para desvelar la sorpresa dentro de la programación.

Allí esperaban Alicia y Javier que llegaban desde Vitoria con ganas de saber quiénes serían los que tomaran el protagonismo. No era el primer año que se aceraban a la ciudad en estas fechas, sobre todo por el gran aliciente que tiene en su caso: la cercanía. Para ellos, Ebrovisión tiene un gran atractivo, con buenas actividades como la carpa de Estereoclub en el Multifuncional o «los grupos que traen, que siempre están bien».

Como suelen señalar por parte de las bandas, en el cartel prima la calidad al margen del tirón en la venta de las entradas. Una sensación que se compartía por parte de esta pareja, que esperaba llegar con fuerza para poder ver por la noche sobre el escenario principal a bandas como «Joe Crepúsculo y Love of Lesbian».

Con poco tiempo por delante por saber el grupo sorpresa, también esperaban a las puertas de la Fábrica un grupo de amigas que habían llegado desde Aguilar de Campoo (Palencia), equipadas además como si de un uniforme se tratara. En su caso, también eran repetidoras y este era el segundo año consecutivo en el que se hicieron con la pulsera del festival.

Para ellas lo mejor era la fiesta de día «claramente», aseguraban, como el momento en el que el Ebrovisión mostraba su mejor cara. Pero no se quedaban solo en eso y esperaban la actuación entre otros de Joe Crepúsculo.

Una vez desvelada la incógnita del grupo sorpresa, que la final fue La Habitación Roja, y tras su concierto, fue el momento de cambiar de nuevo de ubicación, para poner rumbo a la plaza de España, donde se celebraba la III Muestra Gastronómica. Allí se situó el comedor de buena parte de los asistentes, porque tras acabar con el hambre los conciertos llenarían la plaza Santa María.

Pero antes, los ocho restaurantes participantes dentro de la asociación de Pasión por los Fogones hicieron una muestra de la gastronomía de la ciudad. Uno de los puestos, el más dulce de todos, era el de la pastelería Bornachea. «Está teniendo muy buena aceptación», se explicaba tras el mostrador, donde se mostraron encantados «porque hay una gente y ambiente estupendos», en una jornada en la que lo más importante no era vender, aunque calculaban que podían llegar a las 300 ó 350 raciones.

Otro de los puestos era el del Tómbola, que es uno de los establecimientos hosteleros que tienen su local en la misma plaza de España. Para ellos, también era una buena oportunidad para mostrar lo que se hace en Miranda, «con un día magnífico y con flujo de gente». Un escaparate en el que la Parte Vieja gana protagonismo por la tarde en los conciertos, lo que es de agradecer desde su punto de vista, con el que se mantiene además una las tradicionales zonas de fiesta, que por otra parte no vive uno de sus mejores momentos.

Por último también estaban en la muestra algunos puestos nuevos, otros más consolidados y por último el de Cáritas, en el que se buscaba visibilizar su huerto ecológico. En primer lugar, entre los novatos estaba el Meraki, en el que pese a ser la primera edición en la que participaban se mostraban satisfechos por la respuesta. Casi la misma sensación tenían en el de La Vasca, donde explicaban que muchos de los que se acercaban eran de fuera lo que da una muestra de las posibilidades de este festival, que años tras años sigue ocupando las calles, en los primeros días de septiembre.

La Habitación Roja fue el grupo sorpresa en la Fábrica de Tornillos

¿Quién será el grupo sorpresa? Esta era la pregunta que rondaba por la cabeza de los seguidores y asistentes a esta décimo séptima edición de Ebrovisión. La pregunta se colaba en cada grupo de amigos, donde se establecían quinielas para ver si alguno terminaba acertando. Entre todas las contestaciones había un sinfín de respuestas, basadas en rumores, confidencias o secretos que llegaban «de dentro» de la organización. Cada uno tenía un nombre en mente, pero no todos acertaron.

Muchos fueron los nombres que llegaron a sonar desde que el jueves arrancara el festival. Desde Los Planetas hasta Niños Mutantes o La Casa Azul, pero al final, el grupo que se terminó por subir al escenario de la Fábrica de Tornillos fue La Habitación Roja. Aunque lo hizo con un ligero retraso.

Se desvelaba de esta manera la incógnita de quién sería la banda sorpresa en esta edición. Así se descubrió la incógnita y el grupo tomó el testigo de Sidonie, que fue el que ocupó ese puesto hace dos años cuando Ebrovisión cumplió quince años, en la primera ocasión en la que se puso en marcha este método.

En cualquier caso, lo que es seguro es que de esta forma se consigue que el escenario de la Fábrica de Tornillos gane en animación y protagonismo dentro de la programación, puesto que buena parte de las personas que se acercaron en el mediodía de ayer hasta este punto, lo hicieron gracias a la incertidumbre que se había creado.

Todo esto en cuanto a lo que supone esta fórmula. En lo que respeta a lo que ocurrió sobre el escenario, fue el cantante el encargado de anunciarlo con un «somos el grupo sorpresa o decepción», bromeó, ya con los vítores sonando desde el público.

Después arrancó el espectáculo, basado principalmente en versiones de otras formaciones, algunas de ellas «rebuscadas» pero que en cualquier caso fueron coreadas por buena parte de los que disfrutaron del concierto. Un «karaoke» se ironizaba desde el escenario, en el que no se subió ningún miembro de otras bandas.

Con el paso de los temas, el grupo también sacó un par de ases de su extenso repertorio, con canciones nuevas y otras que forman parte de los himnos de este tipo de festivales, como el titulado Ayer, que fue sin duda con el que los ebrovisivos más disfrutaron.

Para cerrar, eligieron «una canción universal», como definieron. Un tema del grupo británico de Oasis, en concreto Don´t Look Back in Anger. Pero justo antes, fue el turno de los agradecimientos al festival, previo lapsus con el Sonorama, por haber contado con un grupo que se puede decir que casi es de los fijos en el Ebrovisión y que estuvo presente, como ellos mismo recordaron, en la primera edición.

Un debut en el panoráma indie que se produjo en el 2001 y que puso en el mapa festivalero a la ciudad. Allí, la Habitación Roja recordó que conoció a grupos como Sidonie o Iván Ferrerio y no se olvidó de destacar «la buena salud del festival».

Más música

El concierto sorpresa fue sin duda uno de los momentos más esperados, aunque a la jornada grande del festival no le faltaron buenos momentos. Por la noche fue el turno de los cabeza de cartel de Love of Lesbian que tocaron en el escenario principal. También lo hicieronlos Corizonas o Joe Crepúsculo.

Antes, y para iniciar la música en el Fábrica de Tornillos y calentar el ambiente para la Habitación Roja fue el turno para los catalanes de Cala Vento. Un concierto en el que hubo una buena asistencia, pese a que el festival y los asistentes trataban de desperezarse para iniciar el día grande.

Dentro de toda la música programada por los diversos puntos, también destacó la plaza Santa María donde hubo actuaciones por la tarde que llenaron el espacio, que es uno en el que los ebrovisivos más disfrutan. En esta ocasión se programaron tres conciertos con The Wheels desde las 15.30 horas hasta Los Tiki Phantoms para cerrar.

Un último en este punto fue de menos a más y que terminó por todo lo alto, en la segunda oportunidad que tuvieron en el día, ya que fue el mismo grupo que había abierto la jornada del sábado, con la actuación del Ebropeque. Una gran cantidad de música que sirvió para disfrutar y demostrar de nuevo la salud del festival.

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