Desarticulan una red internacional de tráfico de aves con una nave en Miranda

Desarticulan una red internacional de tráfico de aves con una nave en Miranda

La Guardia Civil detiene a 29 personas y se incauta de 2.000 pájaros que, en algunos casos, se vendían por más de 3.000 euros

E. C.

Atarles el pico o introducirles bolas de grasa en la boca para evitar que hicieran ruido eran solo dos de las crueles prácticas que ejercía una red internacional de tráfico de aves desarticulada por la Guardia Civil. La operación ‘Suzaku’, que se ha saldado con 29 detenidos, otro par investigados y unos 2.000 pájaros incautados, destapó una trama liderada por un hombre afincado en Rivabellosa (Álava), el cual poseía una nave en Miranda donde había instalado un aviario, y que actuaba como una organización de tráfico de drogas, ya que enviaba ‘mulas’ –en el argot de los traficantes son quienes hacen de correo– a diversos países para traer las especies protegidas en maletas hasta España. El ilícito negocio habría generado más de medio millón de euros de beneficios.

La investigación de la red que conseguía los ejemplares en África pero, sobre todo, en Latinoamérica arrancó en México. La Procuradoría General de este país, una especie de Fiscalía, lanzó la alerta al contar con nombres de españoles sospechosos de traficar con pájaros. Dio aviso a la Guardia Civil y, en coordinación con Europol, las indagaciones llevaron hasta un residente en Rivabellosa que años atrás había sido condenado por comercio ilegal de especies. Este individuo, de hecho, comenzó su trayectoria delictiva como ‘mula’ pero después, ya con antecedentes, se convirtió en cabecilla de la red criminal.

Un aviario

El sospechoso, descubrieron los investigadores, poseía una nave aparentemente abandonada en la ciudad donde había montado un aviario. Entre las víctimas de este lucrativo negocio –que anunciaba los animales a través de Internet y en diferentes puntos del mapa junto a un número de teléfono– aparecen canarios de Mozambique, un tipo de ave adquirida en Senegal por precios irrisorios (un euro) o tucanes, muy cotizados por coleccionistas, que en el mercado europeo alcanzaban un mínimo de 3.000 euros.

Los animales, según fuentes de la investigación en la que ha colaborado la Guardia Civil de Burgos, País Vasco, La Rioja y Madrid, llegaban en una especie de jaula dentro de las maletas –en algunas partidas fallecían la mitad– con meta en los aeropuertos de Madrid, Pamplona o Bilbao y las ‘mulas’ recibían el equipaje, cuyo tamaño no hacía necesaria su facturación, en los aseos de la llamada zona de tránsito. La terminal de Lima era una de las más activas en esta fase. La red estaba a punto de dejar la actividad sobre todo, la falta de género.

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