El curso ‘Hagamos música en...’ acoge a medio centenar de alumnos de conservatorios

El trabajo es necesario para perfeccionar la técnica. /Avelino Gómez
El trabajo es necesario para perfeccionar la técnica. / Avelino Gómez

Por segundo año consecutivo se ha elegido el Albergue Fernán González como punto de encuentro

M. A. C.

Es bien sabido que el Albergue Juvenil Fernán González es un lugar de encuentro para quienes comparten aficiones y experiencias, y en este momento un buen número de sus residentes son jóvenes apasionados por la música; concretamente medio centenar que participan en el ‘III Curso Hagamos Música en...’. Título al que hay que añadir Miranda para establecer el lugar de cita de estos músicos, más o menos noveles, llegados desde diferentes puntos del país.

La propuesta formativa llega de la mano de la asociación madrileña Hagamos Música, dirigida por David Santacecilia. Y quien durante estos días acude a la instalación de la Junta, ya sea para alojarse o para visitar su biblioteca, pronto percibe que hay un ambiente particular.

La música de instrumentos como el violín, el oboe, el piano o la viola suena a veces de modo conjunto y en otras individualizada. Todo ello porque en el curso los diez profesores ofrecen en ocasiones clases en grupo para las orquestas, o individuales a los alumnos.

La propuesta llega a su tercera edición y es la segunda ocasión en la que se desarrolla en Miranda. «Ya vinimos el año pasado y pudimos comprobar que, al margen de la idoneidad de la instalación, la ciudad está cerca de otras muchas en las que residen habitualmente los alumnos que participan del curso», explicó el coordinador, Miguel Ángel Ríos.

En esta nueva edición se ha incrementado el número de participantes pero aun así, para Ríos hay todavía un lugar para la sorpresa. «Sabemos que Miranda es una ciudad en la que la música es importante, y no tenemos ningún alumno de aquí, y tampoco son demasiados los que llegan desde ciudades de Castilla y León, pese a que contamos con profesores de prestigio más que contrastado. Hay quienes se enteran de la actividad cuando ofrecemos los conciertos», apunta. Quizás sería precisa una mayor difusión previa a su inicio para que fueran más los músicos en ciernes que pudieran aprovechar esta oportunidad.

Distintos escenarios

Las citas que se dan todos los días –menos mañana–, a las diez de la noche en el albergue, «los ofrecen los profesores», y otras dos que se han programado para el sábado y el domingo.

El sábado es escenario será la Iglesia de Santa María donde sonarán las orquestas a las nueve y media de la noche. Para el domingo y como colofón a la estancia en la ciudad de profesores y alumnos del curso el concierto se ofrecerá a las doce del mediodía en la Casa de Cultura.

«Será un concierto asequible, seguro», argumenta Miguel Ángel Ríos, y lo corrobora uno de los jóvenes alumnos, en concreto Enrique Santacecilia, de 14 años que perfecciona durante estos días en Miranda su dominio del violín.

«Es un curso muy interesante, aprendemos muchas cosas, nos relacionamos con gente de otros lugares y cogemos experiencia. La verdad es que merece la pena». Es lo que dice, convencido de que su paso por el curso ‘Hagamos música en...’ será provechoso para su futuro.

Los alumnos dedican muchas horas de su tiempo a los ensayos y a pulir la técnica instrumental, pero también dispones de ratos de ocio. Especialmente para los más jóvenes se preparan actividades acorde con su edad para que la experiencia sea completa.

El albergue suena de un modo muy particular durante estos días y el afinado sonido de los instrumentos sólo suele interrumpirse cuando lo que se oye es la campana que avisa de que las puertas del comedor estar abiertas. No es tampoco mala música tras el arduo trabajo.

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