Abonados a un peligro en forma de carretera

La supresión de las barreras de la AP-1 es una solución. / Avelino Gómez

El trayecto Miranda Burgos a través de la N-1 se ha cobrado este mes la vida de seis personas, pero son muchos los vecinos que conviven con este recorrido

ÓSCAR CASADO

Son unos ochenta kilómetros los que separan Miranda de Burgos si se transcurre por el recorrido que dibuja la Nacional 1. Un trayecto gratuito para unir ambos municipios que ha sido históricamente un punto negro, en el que casi de forma periódica hay que lamentar la pérdida de alguna vida. Pero más allá de esto, en el día a día, hay muchos vecinos, de Miranda, de Burgos o de pueblos repartidos entre ambas ciudades, que tienen que meterse en esta vía para desplazarse.

Ellos conocen bien los peligros a los que se tienen que enfrentar porque los sustos son habituales. Así lo explica el conductor de autobuses José Francisco García, quien suele realizar esta ruta con Soto y Alonso. Él lleva «veinte años en la empresa, así que imagínate», relata casi resignado sobre los inconvenientes y los peligros que se encuentra en la carretera, en especial, cuando le toca ir por la N-1.

Con esta experiencia a las espaldas, habla de uno de los mayores problemas con los que tienen que convivir los circulan por ella. No es algo nuevo, porque también se ha señalado por parte de la plataforma de Afectados, y no es otro que la presencia masiva de camiones, que no utilizan la opción de pago de la AP-1, y que hacen muy complicado este recorrido por una de las arterias principales de la red nacional.

Pero al margen de los autobuses hay otras muchas personas que viajan día a día por esta carretera. Una de esas vecinas, en este caso de Miranda, es Alba Tolosana. En su caso se tiene que desplazar por trabajo, ya que es profesora y este curso dará clase en Pancorbo. En el poco tiempo que lleva en su nuevo destino lamente que ya se ha dado cuenta de lo que la espera. «Ya he tenido tres sustos» y además vio el triste resultado del accidente en el que murieron cinco personas, hace unas semanas.

Por su parte, también entiende que los camiones son un elemento que hace todavía más difícil la conducción. En su caso, pese a que solo va a hasta Pancorbo, resalta que hay días en los que «pueden ir cinco camiones por delante». En ocasiones, el tráfico pesado empieza nada más dejar de la ciudad, pero es a partir de la salida de la AP-1 en Ameyugo donde todavía se complica más, porque ahí es donde se terminan de incorporar los que se aprovechan del tramo gratuito desde Armiñón.

Al margen de las personas que se meten en la N-1 por una cuestión de trabajo, también hay otros sectores que se ven obligados a hacerlo, como por ejemplo enfermos que tienen que ir a Burgos al médico. Este es el caso de Yolanda Carrizo, quien se tiene que desplazar en ambulancia y que está en silla de ruedas.

En su testimonio, se mezcla la frustración por ver cómo este tipo de servicios tienen que utilizar esta vía y lidiar con el intenso tráfico, pero también el temor y la incomodidad que siente en cada viaje. Ella ya ha tenido algún susto en el que «hemos tenido que frenar para no darnos con un camión», lamenta, mientras añade que los numerosos viajes que hace, los realiza «con miedo» de que pueda pasar algo. De hecho el próximo tres de octubre se tendrá que subir a la ambulancia para ir a una consulta y ya está «con la preocupación en la cabeza».

Pero para conseguir el cóctel que se tiene en la Nacional hay que sumar otros factores de peligro al margen de los camiones, como son «los coches que tienen mucha prisa», explica García nada más bajarse del autobús. Un elemento que también se explica por la presencia masiva de camiones, y es que en este asunto, los factores no están exentos de complejidad. «La gente se cansa, se aburre y es cuando intenta adelantar», detalla Tolosana, algo que también confirma García que detrás de su volante observa que para muchos conductores «el ir detrás de un camión genera nervios».

Además, añade que en la época estival, cuando hay más tránsito de extranjeros es cuando se viven más momentos de tensión relacionados con las prisas. Eso sí, a pesar de que en verano se pueda complicar por esta circunstancia, García lamenta que «lo de la Nacional siempre es igual» por lo que siempre se viaja con la sensación de que algo puede pasar.

De la imprudencia de muchos conductores también habla Tolosana. «No te puedes fiar de la gente», critica, entre otros motivos porque hay personas que no conocen la carretera y hay puntos en los que es fácil pensar que ves bien, cuando no es así. Una circunstancia que da lugar a situaciones de peligro, como la que la llevó «a meter mi coche en el arcén porque venía uno de frente en un sitio en el que no se veía nada».

Un problema que hace que «no te puedas fiar de las señales» y en el que además hay tramos que «son muy difíciles de mejorar». Lugares precisamente como el desfiladero que se quedaron fuera de la liberalización que se completó hasta Ameyugo.

Punto complicado

Ese lugar, en el momento en el que se une el tráfico de la autopista a la N-1 es uno de lo más complicados. Ahí son muchos los camiones que se incorporan a la vía y no siempre lo hacen con la precaución que se necesita, denuncian Carrizo y Tolosana. «Aprovechan la cuesta y no paran», critica la profesora a la que incluso sus propios alumnos la advirtieron del cuidado que se tenía que tener en el trayecto.

Carrizo también señala este punto como uno conflictivo a la hora de transitar por él. Pero en su caso también deja de manifiesto que se unen las complicaciones de viajar en silla de ruedas. Una forma en la que, además de tener que sufrir el estado del firme, tiene que soportar los frenazos provocados «por los camiones, por los coches...».

Realidades todas ellas en las que se pone de manifiesto la peligrosidad de una carretera, por la que se ven obligados a circular, con una alternativa que ven justo al lado.

Una posible solución más que visible

Es algo que se indica desde muchos sectores, incluyendo la plataforma de Afectados, o en su día, con las movilizaciones masivas en la ciudad. Y es que la solución para hacer más seguro el tránsito por la carretera de doble sentido está, para muchos, bien cerca. Se refieren a la AP-1, que transcurre en algunos momentos paralela a la N-1.

Y es que al margen de todos los peligros, de las complicaciones que se pueden encontrar en el día a día, los conductores y acompañantes, parece que tienen una solución clara. O al menos es coincidente. «La debería de liberar», opina el conductor de autobuses José Francisco García. Una solución que «descongestionaría el tráfico», señala, aunque por su parte se remarca que por su trabajo también tendrían que seguir circulando por la Nacional. Una situación que se seguirá dando además, mientras no se desarrollen los accesos al actual trazado de la Autopista.

Un clamor que se comparte por parte de las otras dos protagonistas. Alba Tolosana se pregunta «¿cuántas autopistas hay en Castilla y León?» y añade que «entre Miranda y Burgos no tiene sentido», critica Tolosana, que no entiende cómo en la liberalización que se hizo de Arminón a Ameyugo, no se avanzó en su día hasta Pancorbo. Evitando de esta manera uno de los tramos más complicados del trayecto que une las dos ciudades, destaca.

Yolanda Carrizo, también lo indica, pero en su caso encuentra otro agravante y es que no entiende cómo una ambulancia no puede ir por la AP-1. De hecho, advierte que ella misma se ha ofrecido a pagar la Autopistas para viajar más tranquila, aunque es algo que no se permite, por lo que de momento deberá seguir viajando por la Nacional.

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