El Correo

Un grupo de 17 personas logra dejar la calle y normalizar su vida con el apoyo de Cáritas

Menéndez, Gutiérrez y Polo pusieron los datos sobre la mesa.
Menéndez, Gutiérrez y Polo pusieron los datos sobre la mesa. / AVELINO GÓMEZ
  • El colectivo ha brindado apoyo en medio año a 486 ciudadanos sin hogar, de los que hasta el 60% eran españoles

La falta de trabajo y recursos, adicciones, enfermedades.... muchas son las razones que pueden llevar a una persona a vivir en la calle, pero solo una la puerta a la que llamar para tratar de normalizar su proyecto de vida: la de Cáritas, que durante el primer semestre del año ha sacado de las calles de la ciudad a 17 individuos, aunque son muchos más los que han reclamado su apoyo, hasta 486 en seis meses y de ellos hasta el 60 % son españoles, principalmente ciudadanos de Castilla y León, seguidos de catalanes y madrileños. Entre los extranjeros, destacan los portugueses, que representan casi la mitad del total; una circunstancia estrechamente ligada al hecho de que Miranda ha sido tradicionalmente un punto de recepción de personas de ese país y a la proximidad con la frontera francesa.

En su conjunto, se trata de gente con una edad que ronda entre los 45 y 60 años, y que cada vez tiene un mayor nivel académico. El perfil de las personas que busca apoyo en los servicios de Cáritas ha ido cambiando según ha evolucionado también la crisis. «Cada vez son más los que cuentan con cualificación laboral, estudios secundarios e, incluso, universitarios, aunque exista el estereotipo de que aquellos que no tienen hogar carecen de formación y experiencia en trabajos», apuntó Juan Alfonso Menéndez, coordinador local del programa de ‘Personas sin Hogar’.

Pero esa capacitación no resulta suficiente para salir de la calle. Y es que, desde 2007, vienen constatando que, pese a sus capacidades, «su situación en la calle se está cronificando, por lo que acuden de manera recurrente a Cáritas en busca de apoyo, ya sea para dormir –aunque solo pueden acudir al albergue 2 noches al mes– o para pasar la jornada ocupados y protegidos del frío en el centro de día que abre de mediados de octubre a finales de abril, de 9.00 a 21.00 horas, y por el que durante el primer semestre han pasado 190 personas.

4.500 comidas

Muchas son también las que han recurrido al comedor, que repartió en ese periodo 4.500 atenciones de desayuno, comida y cena;y hasta 110 pasaron por el ropero, otro de los servicios disponibles. Además, han trabajado con 12 personas de la ciudad en la Unidad de Mínima Exigencia. También han atendido a ese mismo número de mujeres, un colectivo para el que no existen en Miranda recursos específicos. Una situación que los responsables de Cáritas reconocen que habrá que analizar y estudiar en el futuro.

De momento, tras la mejora de la residencia el pasado año, se va a volver a contar con el apoyo del Ayuntamiento, titular de los inmuebles, para en 2017 reformar la Unidad de Mínima Exigencia, algo que «va a repercutir en la respuesta que se da a la situación de estas personas».

Por otro lado, y de cara al futuro, reclamaron la necesidad de caminar hacia un plan estratégico integral para Castilla yLeón que favorezca el trabajo con las personas sin hogar. Un apoyo que en muchos casos depende de la labor de voluntarios. En la ciudad rondan los 70, de los que 47 realizan tareas en el centro de día y 22, en el comedor. Un número total que les gustaría poder incrementar. «Les acogeremos con los brazos abiertos», aseguró.

Y es que son muchos los servicios a cubrir ya que la ciudad cuenta con albergue, Unidad de Mínima Exigencia, comedor, ropero, centro de día, residencia, piso tutelado y taller ocupacional. Estos tres últimos forman parte del servicio de incorporación social, «uno de los pocos recursos que existen en la región y que intenta favorecer que desaparezca el sinhogarismo». En ese sentido, Menéndez no dudó en asegurar que muchas capitales provinciales no tienen el nivel de recursos que existen aquí, aunque ello no signifique que no haya cosas que mejorar. «El perfil de las personas sin hogar cambia y nosotros nos tenemos que ir adecuando», zanjó.

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