El Correo

Casi sesenta personas han pedido ayuda para luchar contras sus adicciones en lo que va de año

Asistentes al acto de entrega del León de Oro a la asociación Boreal que tuvo lugar en Miranda hace dos años.
Asistentes al acto de entrega del León de Oro a la asociación Boreal que tuvo lugar en Miranda hace dos años. / AVELINO GÓMEZ
  • Boreal, a la que se han acercado 22 casos, atiende a 73 usuarios;y Aremi tiene 36 personas más en un grupo que suma 111

Los tiempos cambian y con ellos, en muchos casos, también lo hacen las costumbres sociales o la forma de relacionarse de las distintas generaciones que conforman una población. Varían los protagonistas pero se mantienen, en esencia, los problemas de adicciones que les llevan a buscar ayuda en entidades asistenciales de la ciudad. De hecho, en lo que llevamos de año 58 personas han llamado por primera vez a las puertas de Boreal y Aremi en busca de apoyo para recuperar las riendas de su vida y dejar atrás situaciones de policonsumos. Un grupo con situaciones heterogéneas pero que destaca por su juventud –bastantes están en la veintena– y por estar integrado mayoritariamente por hombres: 46 varones y 12 mujeres. Pero eso no significa obligatoriamente que ellos consuman más. Puede ser también que a ellas les cueste más dar el paso de hacer pública una situación que aún les estigmatiza socialmente más que a ellos.

Hasta las instalaciones de la Asociación de Lucha contra la Drogodependencia en Ronda del Ferrocarril se han acercado este ejercicio 22 personas que se han incorporado a un grupo que en total integran 73 usuarios. De los recién llegados, hay 16 hombres y 6 mujeres fundamentalmente jóvenes. Un hecho que se valora «positivamente» desde Boreal porque implica, que se tarda menos tiempo en reconocer la existencia de un problema y en buscar apoyo para intentar buscar una solución. «En años anteriores habíamos estado atendiendo a gente de 30 hacia arriba y éste el grueso de los recién llegados es más joven, tiene entre 20 y 25», apuntó la Educadora Social, Mónica Gutiérrez.

Aunque ello tampoco implican necesariamente que acaben de empezar a consumir. Desde Aremi tienen claro que cuando alguien da ese paso de reconocer que tiene una adicción lleva tiempo consumiendo y que en muchas ocasiones es más la presión familiar o del entorno, que el convencimiento propio, el que lleva a pedir ayuda. Aunque evidentemente, si quien tiene el problema no es consciente de la situación, acabará desistiendo.

Si bien, ése es una aspecto en el que la estadística presenta porcentajes más reducidos. «El número de abandonos es menor y la asistencia a los grupos más elevada y mantenida en el tiempo», reconoció el psicólogo de Aremi, Joseba Orueta. Y es que si hace unos años eran una veintena de personas las que se reunían en las sesiones de terapia de grupo que realizan ahora son más de 30 las que se dan cita.

Estable se ha mantenido el grupo de usuarios de Boreal, donde en lo que va de año han atendido a 118 personas. Un total del que forman parte 73 usuarios y 45 familiares que también han buscado apoyo en la asociación para asimilar o saber cómo abordar el problema que afecta a alguien de su entorno.

Fundamentalmente, se trata de situaciones de policonsumo en las que, en la mayoría, está presente el cannabis. Es la sustancia más habitual y la que ocupa una posición hegemónica respecto al resto, entre la que no hay ninguna otra que destaque. «Hace unos años la cocaína sí que se impuso, pero con la crisis económica su uso bajo un poco frente a las de síntesis, que tenían un menor coste. Ahora, en nuestro día a día no vemos que haya una que prevalezca», apuntó.

Pero, independientemente de los consumos, los servicios que se les ofrecen son los mismos. Por el programa de motivación, centrado en trabajar de manera individual en que los usuarios vayan cumpliendo los objetivos marcados, han pasado en lo que va de año 39 personas. Una treintena ha acudido al de reducción de años; y 26, al de educación para la salud, en el que se incluye una tarea de coordinación con facultativos de los centros de salud o del hospital. La intervención también incluye, hasta la fecha, el asesoramiento jurídico a una veintena de usuarios que bajo los efectos de distintas sustancias se han podido ver implicados en peleas o en algún delito.

Por las instalaciones de Aremi en la calle Los Almacenes, en lo que va de año han pasado unas 111 personas, un total similar al del ejercicio pasado, en el que por estas fechas habían atendido a 120. Fueron 9 más. De todas ellas, 36 han llamado a su puerta por primera vez, «un número similar al de años anteriores», aunque la edad de los recién llegados, al igual que en el caso de Boreal, sea algo menor. «Hay más entre 20 y 25. Se ha rejuvenecido un poco el grupo de personas con las que trabajamos. El porcentaje de gente entre 25 y 35 es significativo, aunque la media total es un poco más elevada».

En lo que no han notado cambios es en el hecho de que una gran mayoría de los que han decidido dar el paso de buscar ayuda lo ha hecho empujada por su familia, aunque también tienen casos en los que la iniciativa ha partido del propio consumidor o en los que incluso han sido empresas las que se han puesto en contacto con la asociación pidiendo ayuda para un trabajador. También los centros de salud están interviniendo. «Hemos notado que los propios médicos empiezan a aconsejar que acudan», reconoció Orueta.

Eso sí, independientemente del modo en el que lleguen o de quién les anime a hacerlo, tiene claro que cuando lo hacen llevan años consumiendo distintas sustancias, incluso una década, «aunque sea en los últimos tiempos cuando se les ha ido de las manos el problema y han tocado fondo». Antes, muchos han intentado dejarlo por su cuenta, sin pedir ayuda a nadie. Y es que no resulta sencillo asumir que se tiene un problema y que se consume por necesidad no por diversión o placer.

Ésta es un situación que el psicólogo de Aremi cree que se agrava cuando la dependencia la genera el alcohol porque «existen consumos socialmente bien vistos, algo que no pasa con otras sustancias; por lo que igual se empieza a tomar conciencia del problema más tarde. Se disfraza más con la vida social o la fiesta y cuesta más reconocer la situación. Además, a veces el deterioro físico, social o laboral, es más lento», concluyó.

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